miércoles, junio 07, 2017

Goytisolo

Cuánto amor ha mostrado siempre Goytisolo por África en general y por el norte de África en particular; cuánto amor mostrado hacia el norte de África en general y hacia Marrakech y Tánger en particular; cuánto. Cuánto amor ha destilado siempre Goytisolo hacia la cultura islámica en general y hacia sus amigos islámicos en particular, todos ellos amigos de buena fe, amigos con buena fe. Cuánto amor ha demostrado tener siempre Goytisolo hacia “un lugar”, el norte de África, ese lugar adonde se trasladó a vivir allá por principios de los ochenta; amor inversamente proporcional al que sentía por cierta parte de España, que no por toda ella, aunque también. De hecho, multiplicando el amor que sentía hacia Marrakech por cualquier número Goytisolo dividía por el mismo número el amor que sentía hacia buena parte de España, que no de toda, pero sí hacia aquella a la que consideraba “retrasada”. Cuánto amaba a todo el norte de África y cuanto rencor sentía hacia buena parte de España el bueno de Goytisolo. Cuánto amaba Goytisolo el norte de África y cuánto amaba su cultura que tanto defendió, aunque fuera a costa de que naciera en él cierto desprecio hacia la parte “ignorante” y por ello “retrasada” del país que le vio nacer. Pero el pobre Goytisolo ha muerto. Al parecer tenía pocas últimas voluntades, pero una de ellas la había dejado clara a sus amigos, esos vecinos, amigos y compadres con los que departía a diario allí en esas fantásticas ciudades en las que vivió  y que tanto amó... en el norte de África. Sí, pocas cosas había dejado tan claras a sus amigos, vecinos y compadres como la de que no quería ser enterrado sino incinerado. Así, ser incinerado era una de sus últimas voluntades, quizá la verdaderamente última. Por eso, sus amigos, vecinos y compadres se han pasado su última voluntad por el arco de triunfo y lo han enterrado. Con el mismo ímpetu que Goytisolo dejó claro que quería ser incinerado sus amigos, vecinos y compadres lo han enterrado debido a las creencias de ese país en el que le sobrevino la muerte y de donde son esos amigos, vecinos y compadres que se han pasado por el forro su última voluntad, quizá debido a las creencias de esas ciudades africanas que tanto amaba Goytisolo. Sí, las creencias. 

sábado, junio 03, 2017

Amor

Venía yo de unos esos eventos en los que corresponde felicitar al protagonista te guste o no su producto exhibido mientras todo el mundo sonríe con una copa en la mano. Y cuando digo todo el mundo me refiero, en este caso, a los asistentes de ese particular evento, que como todos los de su especie, tanto propician a todo el mundo, digo, a sonreír con una copa en la mano. Algarabía y mucha aparente alegría, aunque no sé por qué digo lo de aparente. Venía yo de allí, decía, de la inauguración de una exposición de arte, cuando observé de lejos una extraña forma estática que no se correspondía con una figura humana, diría. Estaba lo suficientemente lejos como para no saber de qué se trataba pero lo suficientemente sobrio para intuir qué es lo que podía ser, pero sin verlo claro.

Debido al horario en el que todo esto sucedía no había mucha gente en la calle, no sé, quizá estuvieran cenando, me dije. O quizá sí la había, la gente, en la calle, pero yo no la veía. O quizá se trataba de una percepción provocada por el contraste, quiero pensar, porque podría jurar que la calle se encontraba realmente vacía; y digo contraste porque, como creo haber dicho, la galería de arte se encontraba repleta de gente que sonreía con una copa en la mano. Posiblemente había yo saludado a demasiada gente con una copa en la mano, sonriendo. A gente que con una copa en la mano sonreía.

Así, no sé si la calle estaba vacía o no, aunque creo que sí, al menos eso sentía volviendo de ese evento a una hora en la que todo el mundo debía estar cenando. Así, repito, fue volviendo de ese risueño evento cuando vi a lo lejos esa extraña silueta que no se parecía a la de un ser humano; aunque a lo mejor no sea apropiado hablar de ser humano para hablar de las dudas que tal impávida forma, humana pero no tanto, me provocaba. Porque ¿qué podía ser si no? Era extraña pero no tanto, repito. Era extraña sí, pero a lo mejor no se trataba tanto debido a su forma, que de alguna forma también, cuanto debido a su inmovilidad, a su absoluta inmovilidad.

Había salido de un evento que podría calificar de barroco, de hiperbólico, podría llegar a decir, por lo apabullante de las sonrisas y los saludos histriónicos, cuando, quizá por todo ello, me topara con esa extraña –así me lo pareció- forma que por lo menos me lo parecía de lejos. Extrañeza que seguramente provenía, con toda seguridad, digo yo, de haber vivido hasta hacía unos pocos minutos una experiencia de esas que podría calificar de barroca, si no de hiperbólica. La cuestión es que la calle estaba vacía, creo, y aquella extraña forma a la que me aproximaba me parecía extraña por dos cosas, por lo lejana que estaba en el espacio, el espacio que mediaba entre esa forma y yo mismo, quién si no, y por lo cercana que se encontraba de mi experiencia reciente, la que se había caracterizado por su exceso, por su aceleración, diría.

Cuando me aproximé lo suficiente se despajaron todas mis dudas, pero la calle seguía vacía y no sólo vacía sino incluso silenciosa, podría llegar a decir. Extremadamente silenciosa. Ya lo había avanzado antes cuando decía que estaba lo suficientemente lejos como para no saber de qué se trataba pero lo suficientemente sobrio para intuir qué es lo que podía ser. Y en efecto, algo de eso había, quiero decir, que aún no sabiendo a qué respondía aquella extraña forma, que al menos a mí me lo había parecido, no resultaba en el fondo difícil asociarlo a algo previsible, aunque vagamente. Al fin y al cabo estaba en una calle y no en un desierto. Así que cuando me aproximé lo suficiente descubrí que no se trataba de un espejismo, como podría haber sucedido si en vez de en una calle hubiera estado en un desierto y que se trataba de algo que el fondo era previsible, que lo era, aún cuando mi estado no me lo hubiera permitido admitir hacía un momento. El estado, claro, provocado por una experiencia acelerada, hiperbólica, la que precisamente confiere sentido a hablar de dudas, desconciertos, extrañezas y espejismos.

A unos metros –del bulto- se despejaron todas mis dudas, decía, y aquello que tan extraño me había parecido hacía un momento no era otra cosa que dos personas abrazadas, absolutamente inmóviles. Me fui acercando a ellos mientras ellos permanecían tan inmóviles como lo habían estado desde que me había yo fijado en ellos sin saber que se trataba de ellos, es decir de una pareja de amantes que se encontraban abrazados, amarrados, inmóviles y con los ojos cerrados. El tiempo se había detenido para ellos, de eso no hay duda. El instante para ellos carecía tiempo y de espacio, podría decirse. No estaban allí porque no estaban ni aquí ni allí, que es una forma de estar en el universo cagándose en la muerte.

Pasé junto a ellos mientras permanecían estáticos, extáticamente inmóviles. Los sobrepasé y me volví para comprobar lo que además de previsible era inevitable, diría. Allí seguían abrazados, con los ojos cerrados y cagándose en la muerte. Llegué a mi casa, me acosté y me dormí. Y allí seguían ellos abrazados, con los ojos cerrados y cagándose en la muerte.


Así que a unos metros –del bulto-, decía, se despejaron todas mis dudas, y aquello que tan extraño me había parecido hacía un momento era algo verdaderamente extraño: dos personas abrazadas, absolutamente inmóviles, con los ojos cerrados y cagándose en la muerte.

domingo, mayo 21, 2017

Diálogo de ciegos: indignación

Fedro. No vale la pena

Alcibíades. En efecto, Fedro, no la vale

Fedro. En realidad son ya pocas las cosas las que valen la pena

Alcibíades. Estoy de acuerdo, casi todas son, si lo miras bien, poco relevantes y no influyen de una manera drástica en nuestras vidas

Fedro. Poco relevantes, exacto, intrascendentes… ¡pero son tantas que a veces…!

Alcibíades. Cuidado Fedro, que tú mismo has dicho que no vale la pena…

Fedro. Ya, ya, pero cuando hablo contigo me sale ese tono, quizá porque nuestros diálogos se producen siempre en esta cápsula; no sé, sólo es una cuestión de tono

Alcibíades. A mí también me pasa, no lo puedo evitar, pero ya tenemos bastante con las nuevas generaciones, que además de ese tono tienen el mismo cansino discurso de la queja; nosotros tenemos que ser de otra forma, o por lo menos estamos obligados a hacer el esfuerzo de intentarlo

Fedro. Cierto Al, no podemos fruncir el ceño constantemente aun cuando no nos falten motivos… pero estoy ya muy cansado de ellos; están siempre igual y todo lo enfocan desde el victimismo

Alcibíades. Lo entiendo Fedro, nada hay más plasta ahora que un indignado

Fedro. Sobre todo si además es prácticamente solo eso. ¿O acaso crees que es posible la indignación creativa?

Alcibíades. Puede que sea posible, aunque yo creo que existe cierta incompatibilidad, creo que la indignación es un estado “fácil” que se regodea en la queja porque ser víctima te exime de muchas responsabilidades; en cualquier caso, la indignación de ahora no es ni creativa ni propositiva en absoluto. Los mismos que se indignan viven a toda castaña, con sus teléfonos de altas prestaciones, sus redes sociales y sus “me gusta”, que no son otra cosa que el reverso de su falsa indignación. No se puede gustar de tantas cosas si verdaderamente hay motivos para que la indignación evite, por ejemplo, el uso de tantos emoticones

Fedro. ¿Falsa entonces?

Alcibíades. ¿Me tomas el pelo?

Fedro. Bueno, lo digo porque una cosa es que sea pueril y poco productiva, y otra que sea falsa. No creo yo que haya que dar tanta importancia a cosas anecdóticas

Alcibíades. Anecdóticas, ¿Cómo qué?

Fedro. Como el uso de emoticones

Alcibíades. Pues yo creo que resulta más preocupante eso que tú llamas anecdótico que el hecho de que ellos, los indignados “profesionales”, no tengan propuestas de esas que tú llamas creativas. Al fin y al cabo no son políticos profesionales. Pero el uso de compulsivo y reiterado de iconitos predeterminados me parece francamente desolador

Fedro. Pues no sé qué decirte Al, creo que posiblemente exageras una vez más

Alcibíades. ¿Posiblemente?

Fedro. Sí, el uso de predeterminados no es nada nuevo. Y además diría que el lenguaje en sí mismo es otra forma predeterminada y no es más que otro tipo de convención

Alcibíades. A veces me sorprende tu ingenuidad Fedro; sé que responde a un optimismo tuyo innato que yo no puedo compartir; claro que el lenguaje es fruto de una convención pero es infinitamente más complejo que un conjunto de símbolos para perezosos y para gente que precisamente reniega de la creatividad conformándose con lo que le propone la multinacional de turno. El uso constante y reiterado de iconitos para comunicarse denota una estulticia atroz que raya la idiocia

Fedro. Quizá no estés comprendiendo la naturaleza de sus comunicaciones, ni la estés entendiendo desde sus parámetros vitales, tan distintos a los nuestros. A lo mejor cierta condescendencia no estaría de más

Alcibíades. No lo creo. Usan los emoticones para ser más rápidos, más veloces; la comunicación se produce constantemente y a toda velocidad; la velocidad y la aceleración es lo único que les pone cachondos. Lo que les hace sentirse vivos es esa comunicación permanente y además producida a velocidad de vértigo. El lenguaje requiere tiempo y me atrevería a decir que cierto sosiego, y la gente no tiene de lo primero y huye de lo segundo

Fedro. Parece que no estas dispuesto a dar tu brazo a torcer, y yo lo único que buscaba era argumentos para justificar lo que hacen mis hijos

Alcibíades. Peor hubiera sido buscar argumentos para justificar lo que tú haces. Es cierto que no vale la pena indignarse si no hay una propuesta creativa detrás de los argumentos de queja. Tú sabrás qué es lo que quieres hacer con tus hijos, pero creo que solo hay una forma de enfrentarse con ellos: a través de los límites, de la imposición de límites

Fedro. Eso lo sé, querido Al, lo he sabido siempre, pero… son mis hijos y… no sé… Creo que a veces empatizas poco con ciertos...

Alcibíades. Y yo sólo sé que la indignación no es ni creativa ni productiva y que por eso no vale la pena. Sólo creo en la acción individual y en las decisiones individuales radicales

Fedro. Y ahí volvemos a diferir; no creo en las radicalidades


Alcibíades. Yo tampoco si se hace gala de ellas y menos aún si no se hace uso de ellas de forma estrictamente personal 

lunes, mayo 15, 2017

Diálogo de ciegos: la cultura

Alcibíades. ¿Qué piensas de los lemas Fedro?

Fedro. ¿Qué lemas?

Alcibíades. Ya sabes, los populares, los que nos imponen desde las instancias mediáticas

Fedro. Pues en principio que no pueden ser otra cosa que el reflejo del tipo de sociedad que representa el espíritu de nuestra época, pero ¿por qué lo preguntas?, ¿acaso hay alguno que te disturba?

Alcibíades. En realidad todos, querido Fedro, todos, lo que pasa es que hay uno en concreto, quizá por reciente, que me parece reseñable por lo… perverso, aunque esta vez se trata más bien de un lema que lleva asociada una consigna; el lema sería “tú puedes” y la consigna esa que pretende influir en la sociedad hablando de “la cultura del esfuerzo”

Fedro. Caramba Al, lo primero que se me ocurre decirte es que, en efecto, todo suena a muy actual; de hecho te escucho pronunciar esas palabras y me sitúas en la más pura cotidianidad, creo que incluso podría tratarse del lema actual por antonomasia, lo que sucede es que no sé si todos lo entendemos igual; o mejor, lo que no sé es qué pretenden exactamente quienes nos instan a la confianza en nosotros mismos con ese lema…, “tú puedes”, porque por otra parte lo que nos imponen desde las altas instancias mediáticas e institucionales es la gamificación, que podía ser entendida como lo contrario a la “cultura del esfuerzo”

Alcibíades. De nuevo llevas razón amigo Fedro, no había caído en esa pequeña contradicción

Fedro. De pequeña nada

Alcibíades. Cierto, bueno pues entonces reconduzcamos la conversación: ¿cómo crees que cuadra ese lema que implica esfuerzo con esa moda de querer hacerlo todo jugable?

Fedro. Mal, querido Al, muy mal, entre otras cosas porque lo que realmente desea el individuo del hoy es, como digo, entretenerse si no directamente divertirse, por tanto lo que se impone es la gamificación y no la cultura del esfuerzo; así que el “tú puedes” sólo puede asociarse al levantamiento de pesas o al ejercicio aeróbico. No sé si con eso te aclaro las cosas o ratifico tus prejuicios

Alcibíades. Los refuerzas, desde luego, pero no por eso deja de indignarme lo de “la cultu…

Fedro. (Interrumpiendo) Desengáñate Al, esa consigna sólo se usa y sólo adquiere pleno sentido cuando es aplicada al esfuerzo físico y al deporte; solamente. De hecho el esfuerzo como concepto aplicado al aprendizaje está, en la práctica, anatemizado. El desarrollo de la mente ya no importa a nadie. Cuando se habla de esfuerzo sólo se hace referencia a ese que se hace con el cuerpo, ya sabes, el esfuerzo que se requiere para superar eso que está tan de moda en los individuos del hoy: los retos personales…

Alcibíades. Ya, entonces lo que no entiendo es lo que pinta en todo ello la palabra cultura: los retos son personales y el trasfondo es el puro individualismo

Fedro. Bueno, si lo piensas bien el deporte no deja de ser cultura

Alcibíades. Pues yo ahí ya disentiría de tu afirmación porque pienso que la antigüedad nada tiene que ver con nuestro presente; tú estás en tu derecho de idealizar el esfuerzo físico –supongo que en base a otras épocas, creo, los griegos…- pero pienso que asociarlo de forma exclusiva al  deporte es un error sin paliativos. Además a mí no me parece nada satisfactorio el esfuerzo físico. Por lo que a mí respecta el esfuerzo físico que yo me veo en la obligación de hacer por prescripción facultativa no parece que tenga que ver nada con la cultura, y absolutamente nada con el placer

Fedro. Cultura es todo, querido Al, todo, te guste o no. Tu caso personal es irrelevante cuando haces ejercicio en un espacio público. Tú podrás dudar de un grupo grande -aunque abstracto- de gente que magnifica el deporte y el esfuerzo físico, pero tú no dejas de ser cultura cuando te mezclas con ellos en el mismo espacio vital. Es más, no sólo formas parte de esa cultura –la que se manifiesta con todos esos deportistas y senderistas que compartís espacio practicando al unísono si bien por motivos distintos-, sino que la configuras

Alcibíades. Pues entonces te lo diré de otra forma: de veras pienso que el deporte hace tiempo que ya nada tiene que ver con la cultura más allá de poder considerar cultura a todo, es decir a cualquier cosa; yo usaría el concepto de forma más restrictiva, de otra forma no sé cómo llamaría a eso que podemos vincular al conocimiento y la sabiduría; en cualquier caso para mí el único reto posible es no morirme sin haber hecho lo posible por entender algo –de la vida; la adquisición de conocimiento como verdadera fuente de placer. Sin embargo, y al mismo tiempo, considero ciertamente patético al individuo que centra sus tus objetivos vitales en retos como el se correr un maratón o hacer puenting. Y menosprecio a quienes se pasan la vida jugando. Creo que estamos casi en la obligación de disfrutar de todo lo que podamos pero también pienso que no es necesario divertirse para poder hacerlo

Fedro. Pero tienen su derecho…

Alcibíades. No lo dudo, de igual forma tengo yo derecho a menospreciarlos. Aunque no los desprecie. Lo que no tengo tan claro es que querer divertirse eternamente sea una forma madura de confrontación con la vida; más bien pensaría que se trata de una actitud pueril por irresponsable

Fedro. Si quieres que te diga la verdad yo pienso igual que tú. Nosotros nos pasamos la vida instruyéndonos y aunque eso no garantice nada en cuanto a la ética se refiere, lo cierto es que estamos más preparados par el análisis, la síntesis y el razonamiento

Alcibíades. Cierto es que no garantiza nada, de eso ya hablamos el otro día, pero al menos te ayuda a conocerte a ti mismo y eso es un primer gran paso

Fedro. Aunque siempre habrá alguien que te diga que no está de acuerdo


Alcibíades. Pero sólo me importará si me lo dice alguien a quien no menosprecio

jueves, mayo 11, 2017

De la impuntualidad

Esperar no en sí mismo un problema, le dije, lo que me resulta francamente repugnante es esperar a alguien con quien he concertado una cita. Nada hay más despreciable que la impuntualidad, nada más repugnante que esperar a alguien con quien se ha concertado una cita -de común acuerdo- en un lugar concreto a una hora concreta, le dije. Porque esperar es algo normal, de hecho nos pasamos la vida esperando; así, esperar no es el problema. Lo que resulta francamente despreciable es la impuntualidad, como bien sabe Reger, le dije. Como a mí, a Reger le repugnan la impuntualidad. Nada hay más despreciable que quien no se toma en serio las citas, me dijo Reger el otro día. Y es que para mí, como para Reger, la impuntualidad es imperdonable, le dije; la impuntualidad es una absoluta falta de respeto. Si hay algo que no estoy dispuesto a consentir es la impuntualidad. Los impuntuales no son sólo eso, impuntuales, no, la impuntualidad lleva consigo asociadas otras cualidades de calaña parecida pero con repercusiones quizá menos concretas. Los impuntuales son siempre gente a la que les importa muy poco el otro, así pues, egoístas, le dije; los impuntuales no pueden no ser egoístas porque les importa más bien poco el otro, como dejan claro en la misma impuntualidad. No son capaces de darse cuenta que en la espera –en un lugar concreto a una hora concreta- los minutos de espera no suceden en progresión aritmética sino geométrica; no son capaces de darse cuenta que el otro se ha preocupado por ser puntual con todo lo que eso pueda haberle supuesto; no son capaces de imaginar, si quiera de lejos, que el otro puede haber movida cielo y tierra por ser puntual, para ser puntual. Por eso los impuntuales son despreciables, porque además de ser egoístas infligen un mal a aquel con el que han adquirido un compromiso. Los impuntuales son malos, son malas personas, y por eso son despreciables. Sé que hay gente, le dije, que creerá desmesuradas mis opiniones, pero seguramente se tratará de aquellos a los que les importe, y mucho, esperar, que por eso son de los que siempre llegan tarde y creen desmesuradas las opiniones de quienes ven tan despreciable la impuntualidad. Pero después de todo, y precisamente por todo ello, los impuntuales son unos desalmados, unos egoístas, unos canallas, le dije. Siempre habrá quien no le quiera dar tanta importancia a la impuntualidad, pero con toda seguridad se tratará de alguien a quien le importe, y mucho, tener que esperar, que por eso no les importa llegar tarde, siendo impuntuales. Que por eso son impuntuales, es decir, canallas, despreciables. 

lunes, mayo 01, 2017

De niños, adolescentes y adultos

 Ahí están ellos tecleando sus aparatitos con sus veloces y asquerosos deditos. Sentados todos ellos en el banco del parque, concretamente en el situado más cerca de la salida, tecleando sus aparatitos con una compulsión poco propia de seres de su edad. Así, sentados en el banco de forma desordenada pero nada casual, teclean todos ellos sus respectivos aparatitos cogidos con firmeza, con ambas manos diría, y moviendo los dedos a la velocidad de la luz, como si les fuera la vida en ellos, que les va, como puede observarse por la velocidad a la que mueven sus veloces y asquerosos deditos. No se hablan entre sí esos niños que se encuentran en el banco del parque sentados con sus aparatitos, esos aparatitos que miran fijamente como si les fuera la vida en ello, que les va. No hablan, no se hablan, sólo miran hacia sus brillantes aparatitos moviendo sobre ellos sus veloces y asquerosos deditos mientras llega un grupo de adolescentes que decide sentarse en el banco de enfrente. Tras unos instantes de risas los adolescentes toman posición definitiva del banco. Sentados de forma desordenada y sin que a ninguno de ellos se le hubiera ocurrido dar una orden de salida se ponen todos a teclear sus aparatitos con sus dedos asquerosos, dedos que no son ni de niño ni de adulto; dedos que no son como los dedos de esos niños que se encuentran en el banco de enfrente tecleando de forma asquerosamente compulsiva sus aparatitos brillantes; dedos que no son como esos gruesos dedos de adultos que tienen su padres. Resulta francamente repugnante ver a esos niños olvidarse de su infancia mientras se concentran en la luz que despiden sus respectivos cacharros, diría yo. Niños que se han olvidado de sí mismos debido a esos aparatitos que toquetean con sus asquerosos deditos veloces, aparatitos que pronto serán cacharros con bordes descascarillados que irán a parar a la basura después de una vida intensa si es que pudiera hablarse de vida cuando se habla de aparatitos. Resulta francamente repugnante ver a esos adolescentes actuando exactamente igual que los niños que tienen sentados en el banco de enfrente, ese banco que se encuentra junto al Frankfurt que se encuentra a la salida del parque. Adolescentes que se han olvidado de ser adolescentes después de haberse olvidado de haber sido niños mientras toqueteaban unos aparatitos brillantes que manejaban con ambas manos simultáneamente. Repugnante por desolador resulta ver a esos adolescentes toqueteando enfermizamente unos cacharritos mientras se le va la vida en ellos, por ellos a través de ellos, que se les va. Como desolador por repugnante resulta ver a esos niños que hacen lo mismo que esos adolescentes a quienes se les va la vida toqueteando compulsivamente sus cacharritos. No hablan entre ellos, sólo manosean de forma enfermiza por compulsiva esos aparatitos que pronto serán cacharros, diría. Así, mientras no hacen otra cosa, lo que hacen esos adolescentes es mover sus asquerosos dedos a toda velocidad sobre esos aparatitos brillantes que les fascinan. Así, mientras esos adolescentes no hacen otra cosa que mover a toda velocidad sus asquerosos dedos mientras se les va la vida en ello, que se les va, los niños del banco de enfrente no hacen otra cosa que mover sus asquerosos y veloces deditos sobre esos aparatitos brillantes por los que se les va la vida, que se les va. Allí están, junto a la salida del parque, sentados de forma desordenada y nada casual, un puñado de adolescentes que no hacen otra cosa que lo que les apetece, que es precisamente lo mismo que hacen esos niños que se encuentran sentados en el banco de enfrente que se encuentra situado a la salida del parque junto al Frankfurt. Niños que no hacen otra cosa que lo que les apetece: mover sus asquerosos deditos compulsivamente sobre unos aparatitos brillantes sumamente parecidos, si no iguales, a los que poseen sus padres, quienes habitualmente mueven sus dedos veloces, pero no tanto, pero sí más gruesos y por ello más asquerosos, sobre unos aparatitos brillantes, diría, que recargan todas las noches junto a la cama, en la mesita de noche. Así, esos niños que se olvidan de ser niños mientras hacen lo que hacen sus padres -siendo niños que no hacen otra cosa que manosear esos cacharritos como lo hacen sus padres, que recargan esos cacharritos todas las noches junto a su cama-, esos niños, digo,  no hacen otra cosa que lo que hacen sus padres, padres que con sus gruesos y patéticos dedos no hacen otra cosa que manosear sus aparatitos brillantes cogidos firmemente con las dos manos. Moviendo sus gruesos y asquerosos dedos a toda velocidad, que es una velocidad patética, como si les fuera la vida en ello, que les va, mientras se les va la vida en ello, que se les va. Y así Ad libitum.


sábado, abril 29, 2017

Diálogo de ciegos: la maldad

Diálogo de ciegos: la maldad

Fedro. ¿Eres del todo sincero cuando asocias la estulticia a la ignorancia o se trata de una exageración retórica?
Alcibíades. Absolutamente, ¿acaso he bromeado yo alguna vez en asuntos como éste?

Fedro. Ya, pero no sé… dados los tintes de la conversación…
Alcibíades. Perdona amigo Fedro pero que la conversación fuera distendida debido a que no estuviéramos tú y yo solos no significa que dejara de ser serio todo lo que en ella se decía. Y lo digo tanto por lo que yo pude decir como lo que pudiste decir tú o lo que pudo decir Cacícles o Ariadna o su hermana. No creo que nadie dijera nada que no pensara de verdad.

Fedro. Bueno, pues ahora que estamos solos he de decirte que me pareció fuera de tono tu afirmación; creo que resulta exagerado si no injusto, que hablaras de la estulticia como efecto de la ignorancia
Alcibíades. No es eso lo que dije exactamente

Fedro. Exacto, tú no hablaste sólo de estulticia sino que llegaste más lejos y usaste el concepto de maldad
Alcibíades. Lo que yo dije es que la ignorancia tarde o temprano acaba recurriendo a la maldad en ese sujeto que necesita posicionarse… vamos, que recurre a ella para amortiguar el horror verdadero que hay en ese “vacío” que llamamos ignorancia.

Fedro. ¿Y no crees que eso es injusto? Nosotros no podemos juzgar a los individuos por sus conocimientos, estaríamos cayendo de alguna forma en la defensa de un tipo de eugenicismo y eso no es propio de ti querido Al. La vida es rica precisamente gracias a la diversidad
Alcibíades. Quizá lleves razón en lo que de pueda considerarse injusto, pero no por eso dejo de creer en mi argumento, el que por otra parte no pretende ningún tipo de limpieza social, sólo señala un problema asociándolo a una causa, y le pone nombre a esa causa

Fedro. ¿Argumento, problema? Pero si tú eres precisamente un defensor de la “diferencia”, así que resulta menos comprensible ese desprecio hacia una mayoría, esa que consideras ignorante
Alcibiádes. Y por ello, mala

Fedro. Eso es lo que trato de discutir, me parece que vas demasiado lejos
Alcibíades. Lo que me preocupa, quede claro, es sólo esa parte de ignorantes que lo son por elección –y diría que por vocación-, y no esos que lo son sin posible remedio

Fedro. Pues eso ya lo pudiste dejar claro el otro día en el debate
Alcibíades. No estoy de acuerdo, no hubiera cambiado en nada ninguna posición de nadie

Fedro. Puede, pero no habrías dado esa imagen tan reaccionaria, sobre todo porque siempre has sido tú, como digo, quien ha observado la “igualdad” como un imposible y la “desigualdad” como lo único posible
Alcibíades. Es claro que la ignorancia existe sólo porque existe el saber y viceversa; sabemos ambos que un concepto no es posible sin su antónimo; es más, sabemos ambos que en la dialéctica es donde se encuentra la razón de ser de las cosas, pero eso no me impide elaborar ciertos argumentos llamémoslos actuales, sincrónicos. No creo que en la actualidad debamos pensar en los mismos términos que cuando no existía Internet. Pero por volver al asunto: Incluso la misma “igualdad” adquiere su sentido pleno y último ante la existencia del concepto “diferencia”

Fedro. Puede, precisamente por eso yo puedo afirmar, y no me faltará razón, que no todos tienen que ser sabios para poder alejarse de la maldad. Sería una barbaridad pensar que todos los ignorantes son malvados
Alcibíades. Malvados no, pero sí malos, al menos de alguna forma en algún momento

Fedro. ¡Como los sabios, no te fastidia! A mí me parece una barbaridad lo que dices
Alcibíades. Pues te lo voy a intentar decir de otra manera: los sabios que hacen el mal no son malos sino malvados y por ceñir el asunto: la ignorancia es una condición tan terrible que exige al sujeto que la posee un mecanismo de defensa, un mecanismo de defensa que no atenderá a la ética si en ello le va el no poder defenderse

Fedro. ¿Y?
Alcibíades. Pues que es esa exigencia la que hace de ese sujeto un ser malo. Y un ser malo, no lo olvides, es según definición “sólo” quien causa un mal. La diferencia con el ser malvado se situaría en que este último sería quien hace deliberadamente el mal

Fedro. Vale, pero insisto: eso que llamas “mecanismo de defensa” no es otra cosa que un mecanismo de defensa legítimo del débil
Alcibíades. Débil muchas veces porque quiere. Muchas… yo diría que casi todas. Y yo, tal y como afirmé el otro día, digo que quien le ofrece un teléfono móvil a un hijo de 11 o 12 años es un ser malo y su maldad deviene en última instancia de su ignorancia supina<<<<<<, o dicho de otra forma, su maldad es evitable

Fedro. ¿No crees entonces que existan otros parámetros que podrían amortiguar la sentencia? No sé, la coyuntura misma del presente continuo… La tecnología es imparable
Alcibíades. Decididamente no. Ese vacío cargado de horror que conlleva la ignorancia sólo conduce a que, más tarde o más temprano, emerja la maldad. Ofrecer una conexión ilimitada con el mundo a los 11 años a través de un dispositivo que llevan encima todo el día es darle a ese niño un arma nuclear. La tecnología es como cualquier otra cosa, un concepto neutro que adquiere sentido(s) a partir, primero de lo que entendemos por ello, y segundo del uso que le damos a partir de ese entendimiento. ¿Ves como todo es en última instancia una cuestión de conocimiento? Quien no lo posee no tiene herramientas para…

Fedro. ¿No serás tú…?
Alcibíades. Noooo, más bien al contrario; todo depende del uso, nunca del artefacto. Y por otra parte sólo me queda abundar en lo que el otro día me tenía enfrentado a todos los contertulios: un niño no es más que un niño, un ser crudo, un ser haciéndose si quieres, un ser extraordinariamente frágil, como por cierto lo es en igual medida -solo que de otra forma-, un adolescente

Fedro. Pues anda que los adultos…
Alcibíades. (Cortanto) ¡Ese es el problema! Que los adultos, no siendo niños, son malos cuando se afanan por permanecer ignorantes; un adulto permanentemente enganchado a su dispositivo es un ser ridículo además de un irresponsable; un niño de 11 años permanentemente conectado al mundo es un ser crudo recibiendo “información” que muchos adultos no serían capaces de asimilar, o que incluso les podría afectar seriamente aún suponiéndoles ciertas dosis de conocimiento; porque la afección es algo que –existiendo al margen del conocimiento y la razón- entra por el ser y lo configura ¿O acaso no somos los adultos el producto de todo lo que nos afectó cuando éramos niños lo recordemos o no? Pues muy sencillo: una conexión permanente al mundo de un ser –sobre todo si se trata de un niño, de un ser haciéndose- multiplica por millones sus posibilidades de ser afectado, negativamente, se entiende. Tampoco sólo se trata de lo que pueda hacerse con el artefacto sino de lo que se deja de hacer cuando se vive permanentemente conectado a él

Fedro. Creo que magnificas el asunto del conocimiento
Alcibiádes. Esa es la clave, amigo Fedro, y llevas toda la razón. Sé que resulta peligroso magnificarlo porque no es "la" solución, pero dadas las circunstancias creo que se trata de la mejor solución a este problema –entre otros- aún cuando en realidad diste mucho de ser perfecta. De todas formas, y por volver al tema que causó tanta polémica en nuestro debate, creo que quien permite a un niño estar permanentemente “conectado”-colgado- al mundo es una mala persona

Fedro. No estoy muy de acuerdo contigo
Alcibíades. Muy gracioso lo del “muy”

Fedro. En cualquier caso no estoy muy de acuerdo contigo

domingo, abril 02, 2017

La retórica de Eloy

En retórica oratoria pueden distinguirse dos corrientes de filiación (y de actuación) con sus respectivos grados, como ya se advirtiera en el tratado Sobre lo sublime (de pseudo-Longino) que tanto éxito tuvo en el siglo XVIII: por una parte se encontraría la representada por los seguidores de Apolodoro, que sostendría que en el arte de la oratoria se podían fijar principios de valor científico, tales como la persuasión ejercida por medio de la palabra, que debía ser usada de la forma más racional posible, con el apoyo de los hechos y apartándose de toda posible ilusión o sugestión que pudiera propiciar el embelesamiento, la exaltación y el éxtasis. Y por otra estarían los seguidores de Teodoro, que asignarían un papel predominante a la pasión, a la parte afectiva e irracional del alma humana, al sentimiento que irrumpe al margen de toda razón que ya no se conforma con la persuasión y pretende el éxtasis.

Puede que uno de los filósofos vivos más importantes del mundo sea actualmente Antonio Escohotado, un perfecto representante del pensamiento que se forja sobre el uso del verbo y el sustantivo como instancias de conocimiento en su sabia conjunción, evitando en la medida de lo posible toda adjetivación y reduciendo al mínimo la adverbiación. De la misma forma, o por ello mismo, su oratoria sería una perfecta muestra de retórica a la manera de Apolodoro. Sobriedad, elegancia, empirismo y racionalidad llevados a un tipo de argumentación que no hurga en las emociones del espectador, sino que más bien al contrario le insta a esa misma sobriedad y racionalidad.

Respecto a su faceta de orador, que es la que aquí nos ocupa y no otra (que daría para largo), puede decirse lo que puede comprobarse en muchos de los vídeos colgados en la plataforma youtube. Yo he tenido la paciencia de verlos/escucharlos todos, lo que sin duda ha servido, entre otras cosas, para potenciar -en perfecta avenencia con la memoria- mis conocimientos adquiridos en la lectura de sus libros. Los he visto todos aun cuando una de las dos facetas de Escohotado como pensador me interese mucho menos que la otra, porque en efecto son dos las vías de análisis/investigación/pensamiento por las que el filósofo/historiador se ha instalado en la elite del pensamiento mundial. Salvo alguna veleidad científica y asumiendo el reduccionismo que todo resúmen conlleva estas dos vías serían, por una parte el asunto de las drogas y por otra el del comunismo como forma opuesta del liberalismo económico. (En este sentido los que a mí me han parecido más interesantes con diferencia son los que hacen referencia a su obra magna, Los enemigos del comercio: https://youtu.be/bU04v-RBXAw).

En cualquier caso revisitar alguno de esos vídeos (que no son más que conferencias en las que se le ha requerido para hablar de esos dos asuntos sobre los que es un auténtico especialista) resulta sumamente instructivo en la medida en la que eluden la síntesis consuetudinaria para ofrecer al espectador una síntesis creativa, es decir, una síntesis que aun teniendo de referencia el asunto por el que ha sido requerido Escohotado acaba organizando una charla con un cierto nivel de autonomía temática. Escohotado sabe, como buen orador, que la gracia no puede estar en el resumir 14 años de investigación, sino en las distintas formas de contar el asunto, de expresarlo.

Pero por volver al asunto inicial: si podemos afirmar que Antonio Escohotado es, desde luego, un orador inspirado por Apolodoro, podemos también afirmar que su compañera de mesa -en ése otro vídeo sobre el tema de las drogas: https://youtu.be/x5ys77hquMM-, Fernanda de la Figuera, es una oradora inspirada por Teodoro. El primero usando la contención, la mesura y la precisión en el uso de datos, y la segunda usando la exaltación para apelar a las emociones y los afectos.

¿El resultado? Pues dependerá de para quién. Como siempre. A mi juicio Escohotado logra transmitir una credibilidad absoluta con independencia de que se pueda estar o no de acuerdo con lo que en última instancia podrían ser considerados juicios personales (que se encontrarían en otra dimensión de los argumentos más vinculados al empirismo de los hechos, que por otra parte llevan el peso del discurso), pero de lo que nadie puede dudar es de la ingente cantidad de conocimientos que posee, los que precisamente le permiten expresarse con esa serenidad que relega los adjetivos y con los que evita la exaltación.

Fernanda de la Figuera, sin embargo, no hace otra cosa que apelar a los afectos y la emociones. Su discurso es un grito y su argumento la queja y el lamento, e incluso el insulto. De tal forma que su oratoria acaba produciendo, a mi juicio, (y como yo no soy Escohotado y sí gusto de los adjetivos) un discurso vacío, hueco, inconsistente, pueril e incluso burdo y en definitiva zafio, histérico, grosero. Así es como ver este vídeo, que contiene intervenciones de ambos ponentes, puede resultar instructivo para todo aquel que quisiera ver con claridad la diferencia entre los dos tipos de oratoria, la inspirada en la razón y la inspirada en las pasiones.

Pero como decía más arriba estas conclusiones son, sólo (?), el producto de mi juicio particular, que no tiene por qué coincidir con el de otros espectadores. Es más que posible que quien decidiera ver los vídeos aquí comentados -y linkeados- pueda llegar a otro tipo de conclusiones, algo que no me sorprendería demasiado a tenor de la respuesta que en vivo y en directo recibieron dichos ponentes a lo largo de sus intervenciones. La respuesta del público ante las intervenciones de Escohotado fue el silencio casi sepulcral, sin embargo ese mismo público interrumpió a Fernanda con vítores y aplausos en varias ocasiones.

¿Qué puede querer decir esto? Lo que en principio se me ocurre no es más que lo que la videncia señala: que a los espectadores de esas ponencias les ponía cachondos la exaltación de Fernanda aunque la base de su burdo discurso (más allá de la vehemente defensa de un amigo suyo injustamente condenado por la Justicia) fuera extremadamente… populista. O precisamente por eso, por tratarse de un discurso netamente populista su entidad y su forma no pudo ser más que burda.

De tal forma se manifestaba la catadura intelectual de ese público asistente (público eminentemente joven). Un público que se quedaba aplatanado ante el exhaustivo y explícito Conocimiento que ni poseen ni desean poseer (porque en todo caso no lo necesitan para quejarse) y que sin embargo empatizaba con un discurso fundamentado en los gritos histéricos de una mujer que carecía de argumentos (porque tampoco los necesitaba para seducir a los ya de por sí tendentes a la exaltación debido precisamente a su falta de Conocimiento).

Post Scriptum. Por cierto, es precisamente Escohotado quien en su magna Los enemigos del comercio (3 tomos) hace un preciso análisis del concepto Comunismo y por extensión también del Populismo. Como también lo hace José Luis Pardo en su Estudios del malestar, uno de los mejores ensayos publicado en estos últimos años. No apto, por supuesto, para amantes de la queja y la adrenalina.

jueves, febrero 23, 2017

(In)Justicia y Puta Locura

Enciendo el televisor y me encuentro con una tertulia de periodistas, una de esas tertulias en las que los tertulianos parecen no estar nunca de acuerdo. Que es lo que toca para distraer al televidente inculto y alienado.

Hoy es el turno de Urdangarín y de si la Justicia es igual para todos.Cada tertuliano matiza su pensamiento que difiere del de los otros en alguna minucia, la que justifica su particular presencia en el falso debate. Sin embargo hoy se han puesto todos de acuerdo en una cosa: ninguno duda de que la actuación de la Justicia “ha mitigado totalmente el riesgo de fuga de Urdangarín”.

Y lo dicen, todos, mientras de fondo paracen imágenes de Urdangarín vestidito de pijo y paseando en bicicleta por las calles de Ginebra.

Así, no hay riesgo de que se fugue un tipo que, habiéndonos estafado unos cuantos millones a los españoles y habiendo sido declarado culpable por la Justicia española, pasea alegremente por Suiza… en vez de pasear puteado por la selva amazónica.

sábado, febrero 11, 2017

Premios Goya y la mujer

Un tal Jesús Mota (que no José Mota) decía hoy en El País que el IVA no era un problema relevante para la industria cinematográfica española. Lo explicaba muy bien en la misma página del editorial. Con una reducción del IVA al 10% en vez de al 21% no se solucionaba el problema que la industria dice tener, que no es otro que la falta de espectadores, esto es, la falta de ingreso por taquilla, esto es, la falta de dinero con la que poder financiar otras películas, la falta de músculo en una industria en la que pocos quieren invertir.


De hecho, en los Premios Goya de este año se ha pasado de puntillas sobre el asunto. Quizá porque, como bien se hizo saber en su retrasmisión, éste ha sido un buen año para el cine español: más estrenos, más espectadores, más dinero. La cuestión es que pudiendo haber incidido en el asunto del IVA como objeto de crítica y reivindicación no se ha hecho. Y el gremio sabrá por qué, pero no deja de ser algo desconcertante. Sobre todo si sabemos lo que el gremio disfruta regodeándose en la denuncia y en la reivindicación activista.


¡Y tampoco hay ninguna Guerra contra la que “luchar”! [O sí, pero fuera de España, lo que al parecer la hace irrelevante para los cómicos españoles. "No a la guerra" sólo si está en ella involucrada Españita].


Así, ¿qué hacer en los Premios Goya este año?, ¿qué hacer para no abandonar ese espíritu crítico, reivindicativo y activista que tan cachondos les pone a los del gremio? Pues fácil, buscar un asunto que les permitiera seguir con la queja, la denuncia y la reivindicación; y nada mejor (a falta de otro más coyuntural) que el asunto de la mujer y su discriminación(?). Que ese nunca falla.


Y por ese lado se escoró este año la “necesaria” carga ideológica que al parecer debe contener la anual entrega de premios. 


[Por cierto, desde que escribí el último post ](http://albertoadsuara.blogspot.com.es/2017/01/mujeres-y-arte.html) a ahora se ha publicado en MAKMA otro artículo sobre el asunto (http://www.makma.net/el-arte-de-vender-arte/). Habla la Asociación de Galerías de Arte de la Comunidad Valenciana, compuesta por 18 galerías de las cuales 16 se encuentran dirigidas… ¡por mujeres! ¿Y qué se dice en el reportaje escrito por la infatigable reivindicadora Bel Carrasco? Pues que se necesita más presencia de la mujer en el mundo del arte.


Pero ¿acaso es que su presencia es realmente poca?* Desde luego que, dada la cantidad de mujeres que dirige y representa el sector comercial de ese mundo vinculado a la sensibilidad, podría decirse que NO, que su presencia es incluso abrumadoramente mayoritaria. Sin embargo siguen quejándose de la poca presencia de artistas-mujeres en las galerías de arte (?), exponiendo en galerías de arte.


Seguro que a estas alturas del post ya hay gente que cree tener la respuesta a ese desfase señalado por las mujeres a modo de denuncia. Seguro que hay gente que piensa que todo el mal (que se significa en esa diferencia cuantitativa respecto al hecho expositivo) proviene, cómo no y una vez más, de las estructuras patriarcales tradicionales y machistas que impiden a las féminas estudiar carreras como la de Bellas Artes.


Pero resulta que NO: que tal y como en los dos artículos se deja bien claro (tanto en el publicado en El Mundo y comentado en anterior post como en el recientemente aparecido en MAKMA), ya hace años en los que el porcentaje de mujeres que estudian Bellas Artes supera con creces al de los hombres; ellas mismas lo dicen: un 70% de mujeres respecto a un 30 % de hombres.


¿Entonces, qué es lo que quieren las galeristas cuando en los medios exigen más visibilidad para las de su género?


¿Pero no son ellas las “dueñas” del arte que se exhibe? ¿No son ellas quienes programan su exposiciones y quienes eligen a los artistas?


¿Entonces, qué es lo que quieren esas mujeres -que controlan la faceta expositiva de ese sensible mundo del arte- que según ellas mismas discrimina a las mujeres artistas?


Volviendo a los Goya:


¿Que quiere Ana Belén cuando en los Goya pide -toda seria y circunspecta- más presencia de la mujer en el cine? ¿Que haya más actrices? No lo creo, las hay a montones (con o sin trabajo). ¿Que las actrices se planteen dirigir? Tampoco lo creo. Nadie tiene por que hacer aquello que no le apetece, como bien sabe la propia Ana Belén ¿Que haya más protagonistas femeninas? No creo que sea eso lo que pidiese, ya que con esa reivindicación sólo estaría haciendo alarde de una tremenda incultura (véanse programaciones). ¿Que haya más directoras? Bueno, pero ¿salidas desde qué grupo de mujeres estudiantes (o no) que no muestran interés por la dirección cinematográfica?¿O acaso es que hay grandes directoras discriminadas y humilladas por la industria sólo por el hecho de ser mujeres? ¿Entonces? ¿Y por qué más directoras y no, por ejemplo, más sonidistas? ¿Será que hay más sonidistas hombres que mujeres porque el sonido les interesa más a los hombres que a las mujeres? ¿Qué tiene la dirección que no tenga el sonido para que resulte más glamourosa su reivindicación? ¿Quién quiere ser sonidista? 
¿Por qué entonces se ponen tan cachondos los del gremio cuando Dani Rovira o Ana Belén (y otros) reivindican más presencia de la mujer en el cine si no es porque lo que les pone cachondos es sólo el hecho de reivindicar -lo que sea- con la queja, el lamento y el enfado por en medio?


[Pero volvamos al artículo de MAKMA (sobre mujeres galeristas)].


Para la peridista del artículo “El arte de vender el arte”, la tarea de vender arte es “Una tarea que exige combinar cualidades diversas: espíritu empresarial, visión comercial y, sobre todo, sensibilidad artística para detectar nuevas firmas que reflejen las tendencias de cada momento. Además, sutileza psicológica para lidiar con los creadores y los clientes, con sus respectivas manías y exigencias. Este cúmulo de factores imprime un fuerte carácter vocacional y hace que la venta de una obra de arte pueda considerarse, en cierta manera, también una forma de arte. Un arte para el que parecen mejor dotadas las mujeres como demuestra su creciente presencia en este mundo”.


Así pues, ya lo sabemos: hay cosas para las que están más dotadas las mujeres que los hombres.


Y conviene recordar que:


Después del mandarinato de Juana Mordó en España, el mundo real del arte estuvo desde finales de los setenta muchos años en manos de Juana de Aiizpuru, María Corral, Cármen Jiménez, Helga de Alvear, Soledad Lorenzo, Elba Benítez, Elvira González, Oliva Arauna, las Moriarty, Oliva María, Rosa Martínez, Estrella de Diego, Evelyn Botella, Rosa Olivares, Pilar Parra, Marta Cervera, Elena Ochoa, Ana María Guasch... Ellas lo controlaban TODO, ellas configuraron el panorama que representaba el arte español y foráneo en nuestro territorio. Y diseñaron la estrategia de expansión. Ellas impusieron su criterio, algo contra lo que no hay nada que objetar, digo yo. ¿O sí?

viernes, diciembre 23, 2016

Diálogo de ciegos: salirse de uno

Fedro. ¿Crees en el amor Alcibiades?

Alcibíades. ¿Qué pregunta es esa Fedro? Sabes que de esos temas nosotros sabemos más bien poco

Fedro. Bueno, preferiría que no pluralizaras; nosotros, mejor, que otros, estamos capacitados para hablar de todo aquello que afecta al alma del ser humano. Otra cosa es que queramos ser humildes y prudentes con ciertos temas

Alcibíades. Vaaale, ¿pero qué es lo que quieres saber exactamente?

Fedro. Pues eso, que si crees en el amor

Alcibíades. Caramba Fedro, me pones en un aprieto porque además yo soy muy pudoroso con estos temas; pero claro que creo en él

Fedro. De acuerdo Al, entonces defíneme el concepto, ¿qué sería para ti el amor?

Alcibíades. No sé qué respuesta darte, si una universal u otra más personal

Fedro. Estoy seguro que si me das la personal, además de serme más útil a mis propósitos, será igualmente universal

Alcibíades. Amor es que a uno se le sequen los ojos por miedo a cerrarlos

Fedro. No sé si entiendo

Alcibíades. Pues no haber empezado esta conversación

Fedro. No te molestes Al, que te noto muy a la defensiva

Alcibíades. Amar consiste en salirse de uno. Y tú lo sabes

jueves, diciembre 22, 2016

Diálogo de ciegos: prejuicios


Fedro. El otro día estuve con un idiota…

Alcibíades. (cortando) ¿Con uno sólo?

Fedro. No estoy de broma Alcibiades, déjame que te cuente

Alcibíades. Perdona Fedro, no quería importunarte, pero creía que ibas por otro sitio

Fedro. Pues no, querido Al, voy por el sitio de siempre, así que permíteme que continúe… por circunstancias que no vienen a cuento el otro día me presentaron a un tipo que sin duda era un idiota, pero dijo algo que me llamó poderosamente la atención y me ha hecho reflexionar

Alcibíades. Caramba Fedro me tienes en ascuas

Fedro. Dijo que “sólo observamos para ver lo que ya sabemos”

Alcibíades. Uff Fedro, sé qué pensar del asunto, por eso no entiendo muy bien ese desconcierto que manifiestas

Fedro. ¿Por?

Alcibíades. Pues por dos motivos que aquí, y no en otra posible ocasión, se dan conjuntamente. Pero primero y fundamentalmente debido al carácter de la misma frase

Fedro. Así que hay frases con carácter

Alcibíades. Ésta lo tiene amigo Fedro

Fedro. ¿Y?

Alcibíades. Es lo de siempre Fedro, lo de siempre; se trata de una frase ingeniosa pero falsa; no del todo y no siempre, pero falsa

Fedro. ¿No eras tú el que hace 2 días defendías la generalización como forma de acceso al conocimiento?

Alcibíades. La generalización, por supuesto, pero sólo en el caso de que ella contenga más verdad que falsedad; además, yo defiendo con uñas y dientes la generalización como premisa… como previo para seguir ahondando en aquello que la ha provocado, pero no la generalización en tanto que conclusión; hay una gran diferencia. Hay muchos individuos que sólo viven de frases ingeniosas. El problema es que hay mucha gente que se las cree y después las hacen suyas, las expanden y nos sitúan en el “gran lugar común”

Fedro. Puede Al, pero no me negarás que un punto de verdad sí tiene esta frase… porque los individuos en el fondo y generalmente se pasan la vida viendo sólo lo que tienen delante de sus narices

Alcibíades. Pues aquí viene el segundo motivo del que antes te hablaba y siento llevarte la contraria: que el que la ha dicho era un idiota

Fedro. Ah no, en eso no estoy de acuerdo yo. Es decir, sí era un idiota, pero no creo que ese sea motivo para...

Alcibíades (interrumpiendo) Además en tu réplica va implícita mi respuesta: estarás conmigo en que si siempre viéramos lo mismo -porque eso es al parecer lo que queremos ver- tropezaríamos siempre con el mismo obstáculo, y como bien sabemos los obstáculos cambian de forma y color a lo largo de nuestras vidas

Fedro. No lo tengo tan claro

Alcibíades. Tropezar de nuevo y con la misma piedra es una posibilidad conocida, pero se trata simplemente de una posibilidad metafórica; las piedras siempre son distintas

Fedro. Parece mentira que seas tú, querido Alcibiades, quien precisamente me esté 
discutiendo un aserto que podía haber sido incluso tuyo

Alcibíades. No entiendo muy bien porqué dices eso. Yo soy un gran defensor de lo prejuicios en la medida en que son tan inevitables como necesarios. Otra cosa sería el uso que se pueda hacer de esos prejuicios, que ya sabes…

Fedro. (interrumpiendo) Sí, conozco tu pensamiento, pero quizá sea ya hora de que lo 
recompongas si de lo que hablamos es, precisamente, de una mayoría… la que nos permite aceptar la generalización

Alcibíades. Sigo pensando que estás equivocado, pero se trata de un simple pensamiento. Creo que la frase es buena para un momento de lucimiento debido a su carácter ingenioso, pero yo sería de los que ante una afirmación tendría en cuenta la fuente y los matices que de ello pudieran colegirse

Fedro. Tú prefieres la persuasión a la seducción

Alcibíades. Exacto, las frases ingeniosas sueltas y sin contexto dialéctico me dan mala espina. Tengo mis prejuicios respecto a todo ello, como bien sabes. Sobre todo si las dice un idiota, amigo Fedro. Hay gente que pierde la razón por las formas y hay gente que la pierde por carecer de fondo

Fedro. Sí, pero la realidad no desaparece por dejar de creer en ella.