domingo, mayo 20, 2018

Carta abierta a los padres de niños


En efecto esto es una misiva, no un panfleto, está dirigida exclusivamente a ustedes, padres de esos seres que, precisamente por edad y por definición se encuentran conformando; padres de seres crudos. De ahí que siempre le hayamos dado la importancia que se merece a todo aquello que le sucede a un niño; a todo aquello, lo sabemos, que por sucederle en estado crudo condicionará su ser de forma determinante, para lo bueno y para lo malo. No por otro motivo, lo sabemos también, los (buenos) padres son aquellos a los que le preocupa soberanamente las experiencias que pueden tener sus hijos cuando son niños, esto es, cuando son seres crudos a los que les afectará toda experiencia, para bien o para mal. Y por ello unos buenos padres son, entre otras pocas cosas, los que preservan a sus hijos de experiencias nocivas, es decir, de experiencias nada propias ni adecuadas para unos seres a los que podrían afectarle de forma fatal y muchas veces de forma irreversible. Por otra parte, yo sólo puedo hablarles a ustedes en nombre propio y sólo puedo hablarles desde mi condición, no hay otra. Y como no hay otra sólo puedo ser sincero. Sincero y claro aunque siempre haya tenido dudas acerca de la eficacia de entender lo primero como un principio inmutable y recomendable, y lo segundo como una cualidad personal. Pero este es el momento, el kairos, que diría un griego de hace 2600 años, el momento oportuno.

Así, y después de esta necesaria introducción iré al grano: son todos ustedes unos hijos de puta. Todos; es decir, todos los que lo son. ¡Claro que podría haber usado otro adjetivo!, pero habría sido con toda seguridad menos eficaz y desde luego menos apropiado. ¿A quien puede importarle hoy en día que se le llame malvado? O mejor: cuando digo todos lo que quiero decir es todos aquellos que cierran los ojos ante la tenencia y uso de un teléfono móvil con datos por parte de su hijo/niño.

Hoy mismo me han mandado por teléfono a “modo de gracia” un pequeño vídeo de contenido sexual que me ha dado nauseas; un vídeo que ha afectado mi estado de ánimo de forma considerable; un vídeo que se encuentra en el limbo de la red y al que todo el mundo tiene acceso; un vídeo, de hecho, que por estar en la red "móvil" está a la vista de todos; un vídeo que por estar a la vista de todos no está a la vista de quien voluntariamente pueda decidir verlo, sino de aquel al que “le llega”. Que le llega tarde o temprano, tenga la edad que tenga, no lo dude usted. Un vídeo que precisamente “llega” a más gente debido a la alienada afición de tantos a compartir su perversa promiscuidad.

Todo aquel padre que haga la vista gorda a la tenencia de un teléfono móvil por parte de su hijo/niño porque le resulte más fácil no hacer gorda esa vista es un hijo de puta. Porque el teléfono móvil con datos es un portador potencial, esto es, factual, de atrocidades como la que hoy mismo he visto hasta que me han entrado las arcadas. Un vídeo tan cruel como innecesario que se ha repetido en mi mente durante demasiados momentos a lo largo del día de hoy. Yo lo he abierto porque no sabía lo que iba a ver y porque me lo mandaba un “amigo”. Un vídeo monstruoso sí, pero no casualmente monstruoso, porque lo que le confiere la “gracia” que lo hace compartible es, precisamente, su anormalidad, su monstruosidad.

Todos aquellos padres que se hagan los despistados ante la tenencia de un teléfono móvil por parte de su hijo/niño buscando excusas para justificar esa tenencia no es más que un hijo de puta, porque ha puesto en manos de ese su hijo/niño, es decir ante sus ojos, la posibilidad de ver toda la barbarie humana, todo lo peor del ser humano, haciéndolo además cuando su hijo/niño está crudo, cuando su ser se encuentra conformando, cuando no tiene capacidad de discriminación ni de discernimiento, cuando, como bien sabemos, es susceptible de ser afectado por ver aquello para lo que su mente no está preparada, una afección que podrá determinar, en el mejor de los casos, un trauma del que posiblemente nunca sea consciente. Y quien de ustedes crea que exagero… que se vaya freir espárragos. Porque no existe ninguna casualidad en el hecho de que los vídeos elegidos para circular masivamente por la red representen la cara más sádica y perversa de algo tan natural como puede ser la misma sexualidad. Esos millones de vídeos cruentos, crueles y obscenos que circulan con perfecta naturalidad al alcance de cualquiera son, precisamente, la cara opuesta de la naturalidad. Y por ello son los elegidos para hacer “la gracia” que debe compartirse.

Así y para acabar: todos aquellos padres que dicen preocuparse por las compañías de sus hijos; todos aquellos padres que se dicen preocupados por ese bullying que puedan estar sufriendo sus hijos, todos aquellos padres que se preocupan por los horarios de llegada de sus hijos a casita, y sobre todo, todos aquellos padres que critican la potencial violencia machista de tantos hombres, todos aquellos padres, digo, que dicen querer a sus hijos/niños dándoles abrazos y buena educación pero que les ponen en sus manos esa arma nuclear que es un teléfono móvil conectado a todas las imágenes posibles del mundo... son unos hijos de puta.

Y si no lo creen piénselo de esta otra forma: darle un teléfono con datos a una niña es algo parecido a comprarle un bono para que pudiera ir gratis a un cine en el que podría ver a 5 hombres ciclados follándose simultáneamente a una jovencita que más goza cuanta mayor es la violencia a la que la someten con ¡toda la naturalidad del mundo! (gang bang), o ver a 25 o 30 tipos de toda condición, tamaño y edad corriéndose encima de una joven a la que se le empasta el rostro mientras sonríe de felicidad y satisfación (bukkake), o una mujer que se la chupa a un caballo, etc., etc. Y después pasa lo que pasa, lo sabemos, que una mujer de 18 año bebida y de fiesta decide poner en práctica eso que en su teléfono ha visto tantas veces y que tanto placer parecía darle a la representante de su sexo...

lunes, mayo 14, 2018

Teatro en domingo


¿Qué cosa es el público? ¿El público de qué? O mejor, ¿dónde está cuando no está donde debe?

Llevaba años esperando esperando -sin Godot- que algún espectáculo dramatúrgico me sacara de su estado letárgico. Y mientras esperaba me aburría o me indignaba precisamente por no cejar en esa esperanza. Esperanza en la espera activa, pues. Casi casi basura ha sido todo lo que a uno se le ha venido encima en los teatros a los que he ido acudiendo estos últimos años. No exagero. Basura aplaudida con ímpetu sin duda por un público ignorante por ideologizado o infantilizado. Años acudiendo al teatro, casi cada semana, con la esperanza de que, como en antaño, alguna obra me conmoviera. Alguna. De vez en cuando siquiera. No por una cuestión de innecesaria nostalgia, sino de pragmática necesidad. Cada vez más necesito creer en algo.

Ayer se cambió la dinámica. Tuve la suerte y el privilegio de ver un montaje teatral de primer orden. Como era de esperar, de prever y de suponer no éramos más de 30 personas las que en un domingo por la tarde tuvimos esa suerte y ese privilegio. La obra: 1789, en un universo paralelo, de Hadi Kurich.

Pero ¿por qué cree uno que había tan poca gente? Pues por varios motivos, los mismos motivos por los que, ya de entrada, se me hace difícil comprender la existencia de esta obra en los teatros valencianos: NO es una comedia, NO se trata de una compañía valenciana (subvencionada) y por último se trata de una obra exigente en la medida en que pudiendo ser entendida por la universalidad del texto, la verdad es que sólo una persona medianamente culta puede disfrutarla en plenitud. Así, pues, obra condenada al fracaso, el fracaso por el que hoy en día se mide todo. Sin embargo su indudable éxito se encuentra en la obra en sí misma, un prodigio de montaje para un texto milimétricamente preciso. El éxito de esta obra no era probable, pero ya se sabe: hoy en día, en estos tiempos de corrección política y de ideología agresiva, el éxito, cualquier éxito no puede ser otra cosa más que una forma de sofisticado fracaso. Y viceversa: muchos fracasos no pueden ser más que un signo de éxito. Así pues, 1789 un éxito (30 espectadores en domingo). Las cosas excelentes necesitan fracasar en alguna medida para poder ser excelentes. En alguna medida, repito, en alguna medida. 

El título ya avisa para que nadie se lleve a engaños. Un título disuasorio -y por tanto valiente- para todos aquellos que no le pongan cara a esa fecha, que son tantos... De hecho mi acompañante no sabía nada acerca de la fecha, ni reconocía los nombres de los personajes ni de lo que supusieron en la historia real. De tal forma que se tuvo que conformar con dejarse llevar por unos diálogos que no le referenciaban ni remitían a hechos concretos del pasado -del que salía este texto ficcional-, pero no por ello dejó de disfrutar por el sentido de universalidad que se desprende de la elaboración de un texto bello y preciso al que se añade la sobriedad de las interpretaciones. ¡Qué raro ya es encontrarse en el teatro algo de inteligente sobriedad!

Un espectáculo... ¡sobrio!, qué extraña paradoja y ¡qué bienvenida!: un espectáculo que utiliza la creatividad escenográfica para generar las sutiles metáforas que le permitirán evitar esa espectacularidad digital que tanto necesitan los ignorantes (al menos cuando no hay risas). Ignorantes, sí, los ignorantes que ha ido generando una Opinión Publicada absolutamente alineada, alienada y cobarde, que dejó de hacer verdadera Crítica de Teatro para que toda obra pudiera tener el mismo éxito merecido. Igualdad: todo es maravilloso y nadie es menos que nadie en el producto artístico. En la era de la corrección política no cabe ya la verdadera Crítica; ya no cabe el derecho al pataleo debido a una suerte del relativismo cultural que se nos ha impuesto por la vía de un buenismo populista; un buenismo cuya principal función es velar por la salud mental de los mediocres. No está hecha la miel para la boca des asno. ¿Éramos 30 personas en el teatro? Pues eso.



lunes, marzo 19, 2018

Apostillas


Apostillas al post anterior
Realmente los feministos y las feministas están desconsolados después de ver cómo se han resuelto los hechos en torno al Caso Gabriel. Habían cogido carrerilla y se consideraban imparables. Su goce era tal que creían que su fuerza expansiva ya nadie la iba a parar. Tienen desde hace años todos los Grandes Medios a su alcance; la Opinión Pública y la Opinión Publicada son una sola voz, es decir, tienen un pensamiento único.

Mesa de novedades en una librería cualquiera

Habían cogido carrerilla y se consideraban imparables. Su goce era tal que creían que su fuerza expansiva ya nadie la iba a parar. Pero hete aquí que hay que buscar al asesino de un niño... y va les sale mujer; y para más inri salen por televisión dos guardias civiles varones llorando y destrozados por la impotencia y la tristeza. Justo el mismo día en el que ellos/ellas, los feministos/as querían prohibir el fútbol en los patios de los colegios. Y justo el mismo día en que pretendían que los urinarios de los colegios fueran mixtos para deseheterosexualizar la sexualidad. Y que se eliminaran los libros de Javier Marías y otros de los planes de estudios...

martes, marzo 13, 2018

Del goce y el dinero

Las feministas y feministos están cabizbajos, de alguna forma se les ha caído el mundo encima; sus expectativas se han visto frustradas. De alguna forma, insisto, su inercia se ha visto frenada. Sobre todo después del extraordinario goze con el que vivieron su aventura de la Huelga del 8M. Y también se encuentran cabizbajos, por lo que supone en términos de pérdida de dinero, a la vista de cómo se ha resuelto el caso del pequeño Gabriel.

El caso se ha resuelto sin que la noticia haya podido servir para que el lobby, los lobbies, hayan agrandado su arcas (económicas) y sin que nadie haya podido gozar en una reivindicación que se hubiera podido beneficiar de lo que al fin y al cabo no es sino una mala noticia. El asesinato de un niño es sin duda y siempre una mala noticia, pero sólo hubiera sido rentable para mucha gente si el asesino hubiera sido un varón.

La verdad es que a más muertas (?) más dinero se destina a combatir la "lacra". Más argumentos hay para justificar los necesarios gastos que supone combatirla. Por eso a las feministas y feministos no les ha hecho ninguna gracias que "el" asesino del pequeño Gabriel haya sido una mujer; una mujer inmigrante y negra para más señas. Si hubiera sido un hombre los lobbies de opinión en general y los feministas en particular estarían cachondos a pesar de todo.

Nota. Por cierto, de los últimos 23 niños asesinados por sus familias 16 de ellos han sido asesinado por mujeres y 7 por varones.

viernes, marzo 09, 2018

Huelga Feminista 8M (2)


6 de marzo, faltan dos días para la Huelga del 8M

Escucho en la radio que en un encuesta realizada a las mujeres -a propósito de la huelga que viene- que el 74 % de las mujeres aseguran no haberse visto nunca discriminadas en su búsqueda de trabajo. Sin embargo oigo en el mismo programa, pero no a continuación sino un poco más tarde, que el 82 por ciento de la sociedad considera necesaria la huelga.

¿Cuál podría ser el motivo de este desencuentro entre las cifras?

De todas formas parece que una de las claves, si no la Clave, es el mantra que se repite en todos los discursos que voy leyendo y escuchando durante toda la semana. Así Mar Esquembre, por ejemplo, un ejemplo entre mil, en un diario de hoy: “Es mucho lo que ya hemos dicho y seguimos diciendo. Que seguimos cobrando menos que los hombres por trabajos de igual valor”. De hecho por la noche hago zapping informativo en la tele y en efecto, ese es el mantra, incluso en cadenas pagadas por arzobispos. ¡”Seguimos cobrando menos... a trabajos de igual valor”! Curiosa y extraña frase: “igual valor”.

7 de marzo, a un día de la Huelga feminista 8M.

El País vuelve a dejarlo claro. Uno de los motivos que justificará a la perfección la Huelga es ese, que las mujeres cobran un 13 % menos en funciones similares. Ahora, eso sí, ya no es”trabajo” y “de igual valor”, ahora es “funciones” y “similares”.

Pienso yo, por tanto, que sería un buen momento para que salieran a la luz todos los casos en los que tantas mujeres perciben menos sueldo que un hombre realizando el mismo mismo trabajo y con las mismas funciones (porque es eso, ¿no?, mismo trabajo, mismas funciones. ¿O era trabajo de igual valor... o era funciones similares?). Ah, ¿que es lo mismo?

Pienso yo que en cualquier caso sería un buen momento para sacar a la luz todas esas injusticias, porque tal y como decía un famoso locutor ayer por la noche, todos esos casos estarían ganados de antemano por cuestiones de Ley indubitable, y apoyados además por TODOS los medios y TODOS los lobbies y TODO EL MUNDO. El Ministerio del Trabajo y el Ministerio de Justicia harían innecesario el Ministerio de Igualdad. Y lo digo porque, como ya he señalado, ese es el argumento que más se repite en la queja reivindicativa.

Pero no, el caso es que al menos de momento no, de momento no hay denuncias ni demandas de ninguna de esas mujeres que haciendo el mismo trabajo y con iguales funciones demande a nadie, ni denuncie nada; jamás sale ninguna mujer demandante a la luz pública. Y por tanto los buitres de la televisión y de la prensa no pueden llamarla para hacerle una entrevista esperando subir el share de su cadena o las ventas de su periódico...

Esperemos entonces a ver los resultados de la Huelga y veamos qué pasa al día siguiente a la Huelga cuando los Juzgados se colapsen por las denuncias (de mujeres que cobran menos en condiciones de igual trabajo y mismas funciones) que pudiendo haber sido explicitadas cualquier día durante todos estos años en los que se dice estar luchando contra la discriminación en la brecha salarial han preferido, sin embargo, esperarse a que sucediera esa Huelga para poder demandar masivamente. En dos días lo vemos.

Seguro que el día 9 se colapsarán los Juzgados. ¡Y qué avance habremos logrado!

jueves, marzo 08, 2018

Huelga Feminista 8M (1)


(Itinerario de 3 días, del 5 al 8 de marzo)

[Antes de nada: he preguntado en mi entorno y puedo decir con rotundidad que nadie en ese entorno se ha leído el manifiesto feministas del 8M. Y cuando digo nadie digo nadie, y está al alcance de cualquiera a golpe de click. Pero eso sí, todo el mundo tiene opinión, nada más faltaba]

5 de marzo (faltan 3 días)
Leo en el periódico, en página impar y ocupando gran parte de la página,

“La C. Valenciana, a la cabeza en víctimas de violencia machista”.

Junto a esa noticia, y en columna pequeña lateral, leo este otro artículo, con titular de tipo mucho más pequeño,

“España registra el porcentaje más bajo en violencia sexual”.

En el artículo grande se nos vienen a decir, en el tono al que estamos acostumbrados, que las mujeres son víctimas de una sociedad controlada por hombres, hombres canallas como no podía ser de otra forma. Va implícito en todas las opiniones publicadas desde hace ya unos años, sólo que ahora ya de forma desmelenadamente psicótica.

En la columnita, en cambio, se dice que

“Según datos de The European Union Agency for Fundamental Rights, en el año 2014, el 48 % de las mujeres danesas declaró haber sufrido violencia física al menos una vez en la vida. En Finlandia lo hicieron 43 de cada 100 y en Reino Unido 42, mientras que en España el porcentaje se sitúa en el 20 %”.

Respecto a la violencia sexual, también se dan datos: Dinamarca 20%, Países Bajos 18 %, Finlandia 17 % “y España se muestra en las más seguras con un 6% de víctimas de violencia sexual”.

¿Cuál diría usted que era la noticia más importante?
¿Cuál diría usted que es al menos la noticia más impactante... por poco previsible?
¿Cuál podría ser el motivo de esta anormalidad, diría que inmoral, de que una noticia tan esclarecedora -por rompedora de ideologemas impuestos- sea mostrada tan en “pequeño” y además junto a otra que prácticamente la anula (por proporcionalidad)?
Una posible respuesta a esta pregunta: ¿Es posible que se hayan puesto juntas precisamente para quitar importancia precisamente a aquella a la que se la quitan porque de otra manera hubiera tenido que ocupar una página entera (y eso al parecer NO INTERESA?

¿No es eso maldad?
¿O acaso no es inmoral que una noticia “buena” (al menos para España, que es la que ha promovido el manifiesto feminista 8M que prácticamente nadie se ha leído) esté casi oculta tras una noticia que simplemente vende más, aunque esa venta sólo consiga acrecentar la Guerra, la Guerra que al parecer tanto goce proporciona?
¿Por qué sabemos que nadie va a hablar de eso que se dice con la boca pequeña (en la columnita) en estos días que nos quedan antes de la Huelga... ni en los de después?
¿No es sino producto de la pura maldad lo que hace que una noticia que podría servir para reconducir tanto odio y tanto rencor sea menospreciada por otra que es grande sólo porque se amolda a lo que el Pensamiento Único impone a partir de la Corrección Política, una Corrección fundamentada en la Guerra?

¿Cuál creen ustedes que puede ser la causa de que la maldad se exprese de forma tan “natural”?

¿De verdad el rencor, el odio, el espíritu de vendeta?

Puede que de eso algo haya, o mucho, no sé, pero quizá no sea esa la verdadera causa. O sí.

Yo diría que se trata de una cuestión de goce y de dinero. Del goce que están viviendo las mujeres con la posibilidad de despreciar públicamente al varón, y del dinero y del poder que produce en los convocantes, los lobbies, los manifestantes, las plataformas, las agrupaciones, los institutos de la mujer, los partidos políticos (todos), los grupos de opinión, los periódicos, los telediarios...

Han conseguido que no exista la posibilidad de que alguien discrepe del discurso declarado oficial y “necesario” so pena de ser crucificado. Discrepancias que pudiera darse en las formas (vehementes por no decir beligerantes en contra de la mitad de la población), discrepancias que pudiera darse en las partes (del discurso imperante que es unidireccional y sin concesiones), discrepancias que pudieran darse incluso en los fundamentos que nos vende el mismo manifiesto 8M (caracterizado por una violencia extrema y por estar ideologizado hasta la náusea).




martes, febrero 27, 2018

Carta abierta al varón (sobre todo si es blanco y heterosexual), sólo a él



Estimado” varón cobarde:

Cualquier excusa es buena para echarle la culpa al varón, sobre todo si es blanco y heterosexual. ¿La culpa de qué? Se preguntará algún ser ingenuo.

Respuesta mía y sólo mía (al parecer y por lo que veo, oigo y leo): si de lo que hablamos es de estigmas y de las repercusiones de esos estigmas -cada sexo tiene los suyos como iremos viendo-, y si de lo que hablamos es también de querer saber de qué son culpables los varones la respuesta sólo podrá encontrarse en el análisis de la Opinión Pública y la Opinión Publicada. No hay otra. Si ese ser ingenuo hiciera el necesario análisis podría comprobar, de forma inmediata e indubitable, que no quedan ya mujeres ingenuas y que el varón, o mejor, los varones TODOS, son culpables... de TODO. TODOS de TODO. O dicho en plata (y recordemos que se trata de la única conclusión a la que puede llegarse si uno analiza atentamente las Opiniones Pública y Publicada): que los varones, todos, son unos cabrones... y las mujeres unas Santas Laicas, reprimidas y oprimidas claro por los cabrones varones. Y si alguien cree que exagero, que abandone ahora la lectura de esta misiva. Y que siga ensimismado con su red social de contactos o lo que sea.

Plena actualidad

En la revista Mujer de Hoy del Grupo Vocento viene un artículo de opinión sobre Margaret Atwood y el éxito de su serie El cuento de la criada y posteriormente de su libro. El artículo se llama “¿Escritora o profeta?” y viene firmado por Nere Basabe, que dice “los totalitarismos de Europa del Este, el miedo a la guerra nuclear y el regreso a los valores más conservadores y puritanos en el Oeste inspiraron entonces (1985) esta fábula de la Guerra Fría”. Para más adelante apuntar, “aquella distopía política en la que Norteamérica se convertía en una opresiva dictadura teológica donde las mujeres eran reducidas a meras esclavas reproductoras sigue de plena actualidad”.

Así, de plena actualidad sigue ese relato imaginario (futurible) distópico escrito desde el Berlín Occidental de los ochenta en donde las mujeres serían meras esclavas.

Por otra parte dice Isabel Coixet en su exitosa conferencia pronunciada en el Museo Centre del carmen de Valencia hace unos días (después de haber ganado el Goya), “Las mujeres tenemos que repetir mucho las cosas para que se nos oiga. Siento que todavía tengo que probar una y otra vez que valgo para lo que hago”.

Quizá por eso, directores como Enrique Urbizu o Víctor Erice no consiguen que nadie produzca sus propuestas cinematográficas desde hace años y sin embargo la Coixet sea una de las pocas personas que desde 1996 ha podido conseguir financiación para más de 30 películas.

Así, en efecto, es de plena actualidad. Tanto que ya se miden por miles los artículos que diariamente aparecen en periódicos en los que una mitad de la población es tratada como piltrafa. Por ser, así en genérico, culpable del mal que al parecer sufre la otra mitad, así en genérico.

La cosa es que la agresiva metodología de la Corrección Política -que tan cachondos pone a los periodistas y políticos... y a los nenes de la farándula- ha llegado a su punto más álgido. Y ha llegado a su límite con la más absoluta normalidad, y lo que resulta más significativo, con el beneplácito y el consentimiento de todos, ahora sí, varones y hembras.

Plena actualidad: la Corrección Política ha hecho creer a la humanidad, o mejor, ha impuesto el ideologema de que en la sociedad (la civilizada, por supuesto, que es la que tiene Opinión Pública y Publicada) la cosa... ¡va de mitades! Así, quienes hace apenas unas horas rehusaban hablar de Guerra de Sexos -por considerar el término excesiva e innecesariamente bélico, además de falso- ahora sólo hablan de ganarla. Pero ¿quién afirma -y reivindica- ya sin pudor la existencia de una Guerra y qué significa ganarla? Pues está claro: la Guerra se encuentra confirmada por los poderes fácticos ebrios de CP y ganarla sólo puede significar una cosa. No hay mas que ver lo que hacen lo medios de comunicación a diario. Así la pregunta es ¿qué significa ganar esa Guerra que reivindican a diario?

Fácil respuesta si somos analistas materialistas: así, si aceptamos (porque las hembras lo dicen, y los media y políticos lo corroboran) que se trata de una Guerra y que se trata de ganarla, el ganarla sólo puede significar una cosa: la destrucción del varón. Y en ello están.

Así que vosotros, hombres cobardes, o despistados, lo que queráis, ya sabréis lo que hacéis. La gente sólo habla de libertad de expresión cuando un tontaina, en una decisión tan contingente como estúpida, decide retirar una obrilla de arte en una Feria de Arte, pero no habla de ella cuando a diario se tiene que morder la lengua por miedo. Y ahora me dirijo a los periodistas varones, que son los que acceden a la Opinión Publicada: ¿Dónde están vuestras opiniones en que os mostráis ofendidos por ser juzgados, todos, como un conjunto de cabrones estúpidos insensibles egoístas?

Hace poco la columnista Elizabeth López Caballero y a propósito de un anuncio en el que dos actrices anunciaban el jabón Fairy decía:

¿Se imaginan qué maravilla ver a dos hombres de pelo en pecho, machos alfa, fregando loza? No, verdad, no se lo imaginan. Porque mientras salgan emitiendo este tipo de anuncios -queriendo sin querer- seguiremos normalizando lo que ya no es normal. Que no tenemos que ser siempre nosotras las ratitas presumidas que barren y cocinan y se ocupan de los niños. Que nosotras también podemos ser soldados y ganar más de una guerra, aunque en esta, de la igualdad, vayamos perdiendo”.

Analizad esto, hombres cobardes: la tal Elizabeth ya sabe que, en efecto, no somos capaces de imaginar a dos hombres de verdad (macho alfa, pelo en pecho) fregando loza. En los motivos se encuentra la clave de esta afirmación; para la periodista (cuyo lapsus consiste en hablar de un macho alfa con pelo en pecho) los motivos de que no seamos capaces de imaginarlo se encuentran en una publicidad machista, pero en mi opinión se encuentran en el cómo desea VER una mujer a UN macho (no sé si al suyo o a todos, nunca se sabe). De hecho, y vosotros los sabéis de sobra, hombres cobardes, los que más follan son siempre los más chulos (con lo que eso significa en cuanto al deseo de la mujer), los que nunca friegan loza, los que no se comprometen con nadie y los que engañan todo lo que pueden a todas las que pueden, los machos alfa, los que somos incapaces de imaginar fregando loza; los otros los menos chulos son precisamente los que viven el constructo cultural y habitan en él con la aceptación de un compromiso -que es la máxima representación del constructo cultural que las mujeres desprecian por ser el causante de todos los machismos- de la procreación de descendencia compartida. Es a esos, sólo a esos, a los que curiosamente se les exige fregar loza, y es así, claro, porque... ¡son los únicos imaginables!, lo cual no carece de lógica, al menos de la suya. Otra cosa, ya digo, es con quien follan, o de quien se enamoran verdaderamente (si queremos ser finos), esas mujeres que son incapaces de imaginar a un hombre de verdad fregando loza.

¿Quiero decir con esto que el hombre no debe fregar loza, o que son las mujeres la que deben hacerlo? En ABSOLUTO, bajo ningún concepto, pero sé de sobra que eso es lo que querrá entender quien no sepa leer. Y como podéis ver, está también ahí el tema de la igualdad entendido de manera perversa: nada hay de casual y espontáneo en las palabras de Elizabeth; no reivindica la posibilidad de que las mujeres pueda ser unas buenas cirujanas plásticas, reivindica el derecho a que puedan ser soldados, es decir, a que puedan usar la fuerza sin argumentos, la fuerza bruta, la que algunos hombre usan para humillar a algunas mujeres. Y también la necesidad de ganar una guerra, la Guerra.

Vosotros sabréis hombres cobardes.


Libro actual exhibido a montones en todas las librería de grandes superficies


sábado, enero 27, 2018

El arte de la ideología y la risa

De verdad es que salgo de uno y me meto en otro; no sé qué va a ser de mí, porque los ataques de risa me dejan el cuerpo dolorido. Y además están sobrevalorados, no son elegantes. Tampoco me gustaría parecer exagerado pero es que la realidad siempre acaba por superar cualquier fantasiosa previsión. Lo último es ya hilarante desde el propio título del artículo. ¿O era una noticia? En fin, que ya no se puede condensar más gracia en un título a pesar de la extrema gravedad y seriedad que pretende su abstracto autor*. Veamos si puedo escribirlo de tirón: “CREACIÓN Y PUEBLO: EL ARTE COMO RESISTENCIA”. Traduzco: El pueblo unido en la creación sólo puede dar de sí un arte (decente), el de la resistencia. Bueno, más o menos. El caso es que es ¡tan marxista! Y no es que tenga nada en contra del lenguaje marxista más allá de su indiscutible anacronismo y de su patética autoconsciencia moral, es simplemente que por todo ello me parece hilarante.

Quizá hiciera falta, antes de continuar, situar el texto en cuestión, el del artículo/noticia, en su contexto. Se trata de un texto/noticia publicado/a en una revista cultural-digital que hace referencia a una exposición que se exhibe en el Centre del Carme, uno de los Museos del Consorci de Mueseus, una exposición llamada Creación y Pueblo. Así pues, y esto resulta tan relevante como definitorio, se trata de la reseña (?) de una exposición exhibida en un Centro de Arte Institucional sufragado con dinero público y amparado por el Gobierno de turno. El director del Consorci lo explica: “Creación y Pueblo es una exposición producida por el Consorci, de carácter colaborativo que transgrede el ámbito del centro de arte para involucrar a toda la ciudadanía desde diferentes perspectivas”. Aquí no hay nada que traducir, todo es demasiado literal en la transmisión de su ideología. Otra cosa sería entender realmente el significado de los conceptos colaborativo, trangresión y (toda la) ciudadanía. O mejor, otra cosa sería dilucidar la relación de esos conceptos con la verdad de los hechos. O incluso con la efectividad.

Parece mentira, pero a estas alturas de la vida haría falta recordar algo tanto a la comisaria, como al director del Museo, como a los artistas de la muestra: que estamos en la era digital, es decir, en la era de la hiper-información y de la hiper-comunicación. Así, si hay algo que distingue a un ser analógico de un ser digital es que el primero podía intuir algo acerca de su alienación mientras que el segundo sólo puede tener la absoluta certeza de ello. O por decirlo de otra manera: en la era analógica (en la que habitó esa era del Arte que duró poco más de 200 años) el problema capital -desde el punto de vista ideológico- era el de creer o no en la distinción entre Arte elitista y arte popular, mientras que en la era digital esa distinción resultaría patética, pues el arte se ha integrado definitivamente en lo social, se ha, por fin, democratizado. Es decir, el objetivo último del Arte Moderno, el de igualar el Arte con la Vida (recuerden: Arte=Vida) se ha hecho realidad, quizá incluso a su pesar, tal y como intentaremos demostrar. O por decirlo ahora con un ejemplo: no es lo mismo ser (supuestamente) combativo y activista cuando TODA la información NO estaba al alcance de cualquiera (era analógica), que cuando TODO el mundo ya sabe eso que denuncian y combaten los artistas de forma absolutamente manierista y sofisticada...  y además desde una atalaya inevitablemente elitista, la del Museo Institucional. Así, la ingenuidad de Hans Haacke o la de Joseph Beuys pudo ser relativamente perdonable porque el Arte podía concebirse como una vía de información a la que no TODOS podían acceder, una vía que podía resultar medianamente creíble en la medida en la que fundamentaba su activismo en el rechazo de lo institucional, sin embargo resulta verdaderamente patético que los artistas se crean hoy en día provocadores de algo. Y ya no tanto por decir lo que ya TODO EL MUNDO SABE, que también, sino por hacerlo a rebufo de los mismos requerimientos de la Institución Político/Ideológica que va y resulta es más radical que ellos, los artistas. Qué risa.

Para justificar la exposición su comisaria habla de desequilibrios sistémicos en nuestra sociedad para concluir: “Desde la idea de que todos estamos al servicio de un sistema establecido, los artistas invitan al público a reaccionar” […] “La práctica artística puede ser definida como un ejercicio de libertad que se opone a la complacencia generalizada y a la homogeneización de un mundo cada vez más global. Si el arte transforma la realidad, o trasciende las ideas desde la marginalidad, el arte resiste creando”.

¿Ven ustedes a lo que me refiero? Lean de nuevo las explicaciones de la comisaria si no les es de mucha molestia. No puede ser más hilarante un discurso que sólo se sostiene desde el voluntarismo buenista y simplón. Supongo que no haría falta señalar la extrema simplicidad que emana de la idea explicatoria genérica; que es ésta: porque todos estamos al servicio de un sistema establecido... los artistas invitan al público a reaccionar. Así, una vez más y como si no hubiera pasado el tiempo (Lehman Brothers, Internet, Big Data, Redes Sociales), estamos de nuevo ante los artistas como seres iluminados, mesiánicos. Por otra parte ¿por qué aceptar que la práctica artística es un ejercicio de libertad cuando vemos que la intención de los artistas coincide a la perfección, ¡oh casualidad!, con la de los Poderes Fácticos? La Institución Política, es ahora (en la era digital=Corrección Política) la perfecta abanderada de todas las causas justas. Que otra cosa distinta a la auto-promoción de los Poderes Fácticos es lo que hagan después esos Poderes Fácticos en connivencia con el Mercado. Es precisamente la Instittución Política la que a través de sus Concejalías de Cultura y sucedáneos se limpia la deteriorada imagen usando a los artistas, comprándolos, y los artistas los que acuden raudos con el mocho a limpiarla para que ésta tenga una buena imagen. Y lo peor es que lo hacen por un puto plato de lentejas. Y perdón por perder las formas.

Además, ¿por qué presuponerle al público (al que tanto dicen respetar) una -intolerable- complacencia generalizada? ¿Acaso no podría ser abonable la tesis de que al público le proporciona cierto goce la alienación? ¿Y qué decir de la homogeneización, no es eso lo que al fin y al cabo pretende todo discurso buenista: homogeneización, igualdad, recorte de las diferencias? Por otra parte, ¿el arte transformador de la realidad... existiendo Internet? Me muero de risa de nuevo, no lo puedo evitar. En vez de decir que el arte resiste creando, ¿no sería mejor decir que la creación resiste a pesar de ese ejército de paniaguados engreídos que conforma ese mundillo del arte que patéticamente se resiste a reconocer el acabamiento del Arte (que se produjo desde que precisamente el arte se integró en lo social)? Tal y como decía en el post anterior, nunca en la Historia se había visto tanto supuesto activista comprometido chupándole el esfínter al Poder de forma tan perfecta.


*El artículo/noticia se encuentra en a revista cultural MAKMA y está firmado/a por la misma editorial. Aquí el enlace para quien lo quiera leer: https://www.makma.net/creacion-y-pueblo-el-arte-como-resistencia/

lunes, enero 22, 2018

Es que me muero de risa con el mundillo del arte III




En Valencia, es sabido, tenemos un Consorci de Museus, que vendría a ser algo así como un... Consorcio de Museos... pero netamente propio, decididamente nuestro, necesariamente autóctono. Y por tanto y por eso más dispuesto a ayudar a (uno de) “los nuestros” en sus políticas culturales y a hacerlo, claro, en una lengua algo menos internacional que la que usa el 90 % de los ciudadanos valencianos y algo menos internacional que la que usan TODOS lo turistas extranjeros. Así pues, un consorcio que, entre otras cosas, entona un reivindicativo Vixca Valencia en su ambiciosa programación. Al menos lo entona en relación en un porcentaje muy importante de lo exhibido.

La última del Consorci es una actividad llamada Transversalia, y cuyo objetivo se cifra según ellos mismos en “la educación por el arte”. Según leo “un proyecto educativo realizado en colaboración con CEFIRE, que pretende introducir las prácticas contemporáneas en el ámbito educativo ofreciendo herramientas pedagógicas al profesorado sobre el arte actual como la forma de implementarlo en su labor educativa con los jóvenes”. Ante lo que yo me pregunto, ¿qué es una práctica contemporánea? No lo sé, no lo sé. Pero para despejar la duda quizá sirva, al menos como pista, la foto que los mismos organizadores dan a la prensa para ilustrar la propuesta. En ella se ve a un grupo de mujeres (?) (entre 15 y 20) sentadas con fotos, cartulinas, tijeras y pegamento de barra. (De todas formas yo antes me preguntaría al más puro estilo pujoliano “¿qué coño es eso del CEFIRE?)

El director del Consorci de Museos se explica, “Tansversalia busca potenciar y generar un alcance mayor en las transformaciones que se están realizando en el ámbito de la educación artística, tanto mejorando el conocimiento que tiene el profesorado sobre el arte actual como la forma de implementarlo en su labor educativa con los jóvenes”. Ahora la pregunta puede ser ¿cuando hablamos de jóvenes de qué estamos hablando: de esos que van del Netflix al Instagram y del Instagram al Arenal Sound? ¿De esos que saben de “arte actual” más que sus profesores en la medida en la que saben lo que les gusta (“me gusta”) ante un maremágnum de casi infinitas posibilidades que le ofrece una ventana al mundo con la que interactúan más de 2 horas al día? ¿De esos que por tanto se descojonan de cualquier Institución que les intente inculcar una idea fija, que es la que al fin y al cabo propone un (cualquier) Centro Oficial o la que propone un (Gran) Relato Oficial por muy ecléctico que pretenda ser? Porque sólo un inútil creería que por ofrecer cosas variopintas no existe un claro común denominador en todo lo exhibido desde un Centro de Arte Contemporáneo, siempre perfectamente ideologizado, precisamente desde que Internet sustituyera al Gran Relato y las Consejerías de Cultura tuvieran más poder que los mismos comerciantes de productos supuestamente artísticos y muy comprometidos (con el problema de la identidad, del lenguaje, del acoso, del poder, del género, de la alienación, de la realidad, comprometidos en definitiva con “nuestro tiempo”); común denominador que por tanto es previo y mandatado, o sea, común denominador que en la experiencia estética hace prevalecer la presencia colosal del continente por encima de la nimia, anecdótica y coyuntural del contenido.

Lo que hicieron los artistas modernos fue precisamente reivindicar la Libertad en la creación frente al Poder autoritario que suponía el Antiguo Régimen (repleto de Reyes, aristócratas y otro déspotas). Y los contemporáneos fueron (son) quienes en teoría deben reivindicar esa Libertad (ya) Plena frente a las instancias del Poder, siempre necesariamente contaminadas de ideología cuando no de pura putrefacción, ¿no? Pues bien, no he visto nunca tanto artista (y ahora me remito a Tarantino) comiéndole la polla a los poderes fácticos de forma tan descarada, y dejándose comprar por un miserable plato de lentejas. Precisamente, ya digo, mientras se presentan como los abanderados de la denuncia y el activismo. Y mientras se creen luchadores éticamente comprometido por causas justas. En fin, que una vez más me da la risa. Soy un flojo, qué le vamos a hacer.


Post Scriptum. Tengo un amigo fotógrafo que ha renunciado a exponer en la mejor sala expositiva del Centro del Carmen, renunciando por tanto y entre otras cosas al dinero que le reportaría y a los beneficios que le proporcionaría tener un montón de obra producida gratuitamente. Y lo ha hecho precisamente porque no se cree nada de este asunto del Arte Contemporáneo. Nunca nadie lo sabrá salvo él y yo. Mi genuflexión ante él.

lunes, enero 15, 2018

Es que me muero de risa con el mundillo del arte II

Hace unos días aparecía esta noticia a toda página en la contraportada de El País:

“Una exposición repleta de falsos 'modigliani'”

La contundencia de la noticia se vale por sí misma, ya no tanto por lo que dice cuanto por lo que significa. Decir repleta no es decir cualquier cosa, es decir, repleta. Tal y como el mismo subtitular reza con un tipo de letra intermedia:

“Un informe policial asegura que un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”

Lo cierto es que el Arte Moderno y Contemporáneo tienen sus cosillas. De hecho, son las cosillas que envuelven a ese Arte Moderno que comenzó a imponerse a finales del XVIII las que de forma previsible nos condujeron a su inevitable acabamiento. Y así le ha ido al Gran Relato que fue la Historia del Arte: que ha desaparecido en los bajos fondos de la Revolución Tecnológica. Aunque haya tanta gente que se muestre reacia a percatarse de esa desaparición, bien por inercia, bien por melancolía, bien por intereses económicos.

Así que el Arte fue un sueño -de la razón- que transcurrió entre Revoluciones, la Francesa y la Tecnológica. Ese periodo de tiempo en el que el Arte se imponía a dedo... ya no por Reyes, como en el Antiguo Régimen, sino por Expertos; críticos, exegetas, historiadores, marchantes, políticos y narcotraficantes. No hay persona mínimamente informada que no sepa que el Arte Moderno surge, precisamente, cuando la maestría y la excelencia (de un arte al servicio del Poder) fueron sustituidas por la sinceridad y la autenticidad de unos seres (artistas) que justificaban su presencia en el hilo narrativo de la Historia a partir de un relato hiper-racionalizado, valga la paradoja y en contra de las apariencias.


El caso es que ¡“Un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”!, dice la noticia […]. Perdón por la pausa, pero es que me da la risa y me cuesta escribir, se me emborrona la tinta con los lagrimones que se me escapan involuntariamente. Sobre todo cuando pienso en los más de 100.00 visitantes que salieron del Palacio Ducal cachondos por la ingesta de Alta Cultura. Si verdaderamente fueran dignos de tanta cultura exquisita exigirían la devolución del dinero de la entrada, y los padres y profesores pedirían compensación por los daños y perjuicios causados por la pérdida de autoridad ante hijos y alumnos. Me meo. Perdón, pero es que me imagino a esos profesores de instituto intentando culturizar a los amantes de Netflix señalando la genialidad de lo que habían hecho unos cuantos mindundis... y me meo. Perdón de nuevo, pero es que leo las conclusiones de la experta (Isabella Quatttrocchi) que ha analizado las obras expuestas, “están vulgarmente falsificadas” y es que no lo puedo evitar, me meo. Y perdón.

Para completar información:
https://albertoadsuara.blogspot.com.es/2017/08/es-que-me-muero-de-risa-con-el-mundillo.html

jueves, enero 11, 2018

Autopista a la Maldad

Se ha apuntado mas de una vez en este blog. La maldad avanza con paciencia y sin freno.

Uno perdió toda esperanza cuando vio el uso que, después de todo, se hacía de Internet. 

Antes de que se impusiera como forma de comunicación total y bastante antes de que las redes sociales se impusieran como forma de vida absoluta uno creía, en toda su ingenuidad, que Internet serviría para impedir que grandes grupos (mediáticos, financieros, políticos, empresariales) nos siguieran humillando y aplastando sin piedad. Uno creía, en toda su imperdonable ingenuidad, que una vez fuera posible la comunicación total y a tiempo real entre TODOS, no habría nada ni nadie que pudiera humillarnos a TODOS. ¡Cuán estúpida ingenuidad la mía! No sólo siguen haciéndolo sino que además lo hacen a cuerpo de rey, es decir con el beneplácito de TODOS, ya mucho más preocupados por sus Insta que por la humillación a la que les someten de forma persistente todas las compañías de telecomunicaciones. Y las de distribución de energía.

Acaba uno de cambiarse de compañía una vez más, con todo lo ello lleva de diálogos surrealistas y de trámites kafkianos. Y por tanto de pérdida de tiempo y dinero. No había forma de hacerse entender ante ninguno de los interlocutores que preguntaban acerca del motivo por el que uno quería cambiar de compañía. Uno les decía de forma concisa, reiterativa e imperturbable: “no puedo soportar ni consentir que se premie la infidelidad”. “Cómo... qué... no entiendo”, contestaban todos los sabios que tienen contratados de mortecinos tele-comunicadores. Así uno sin concesiones ante la ignorancia ética y ontológica: “No puedo entender que después de años como cliente fiel de esta Compañía uno esté pagando más que cualquiera de los que entra de nuevo, me parece una política contranatura por perfectamente injusta, además de poco agradecida”.

Algo huele mucho a podrido. Y mucho se teme uno que las Compañía de Telecomunicaciones no son las únicas responsables de sus actos y decisiones. 


Post Scriptum. Llevan años diciéndonos, tanto desde Tráfico como desde todos los Medios de Comunicación, que la inmensa mayoría de accidentes mortales se producen en carreteras secundarias. Seguramente por eso, una de las decisiones más anunciadas a principio de este nuevo año ha sido el incremento sustancial del peaje en las autopistas. PURA MALDAD. Y mientras los internautas comiendo pipas. 

jueves, diciembre 14, 2017

Reír o llorar

Fotografía y enseñanza

Hoy empieza uno, como todos los años por estas fechas, a impartir las clases de Fotografía en la Universidad. Siempre hay un primer día en la enseñanza de cualquier materia, siempre hay un primer día en que el profesor se confronta a los que, después, van a ser alumnos de su asignatura durante un tiempo. No hay otra, ni para uno ni para ellos: uno llega al aula el primer día de clase y se encuentra delante de los que van a ser alumnos de su asignatura; ellos llegan a esa desconocida aula por primera vez y se encuentran delante al profesor que les va a impartir la concreta asignatura. Mirando a uno casi sin parpadear se encuentran todos esos alumnos que no están ahí para otra cosa que para aprender la materia de la asignatura concreta, la que uno imparte desde hace 13 años (al menos en este lugar). Expectantes y algo atemorizados, sólo algo, pero algo. No tanto por la asignatura en sí, cuanto por lo que pueda esperarse de quien les va a enseñar fotografía.

Por eso intenta uno siempre hacer un discurso lo más “naturalista” posible en ese primer día, pero sin dejar de apuntar los objetivos de la asignatura. Así, intenta uno ser afable sin dejar de concretar cuáles son los conocimientos que resulta imprescindible adquirir. Y uno les cuenta, entre otras cosas, que Fotografía es una de las asignaturas más difíciles de impartir porque así como de otras materias no saben nada y ellos lo reconocen (diseño editorial, tipografía, after efects, etc.) todos creen, sin embargo, saber de fotografía en la medida en la que llevan años haciendo miles de fotografías y subiéndolas a sus redes sociales. Y cuenta uno estas cosas mientras le miran todos casi sin parpadear, al aparecer expectantes y posiblemente, aunque sólo algo, atemorizados. O eso al menos cree uno cuando ve los rostros de esos jóvenes en su primer día de clase. Rostros que miran a uno de forma impertérrita, casi paranormal en la medida en que apenas parpadean. Y es entonces cuando uno, tal y como sucede todos los años, no sabe qué pensar. Porque siempre e inevitablemente uno no sabe qué pensar cuando un nuevo grupo de jóvenes le mira aparentando un interés, insisto, casi sobrehumano. Dudas, las de uno, razonables, pues aunque todos los años pasa lo mismo uno siempre cree que las cosas pueden ser distintas cada vez. Y que por tanto esta vez, hoy, los alumnos estarán verdaderamente interesados en el discurso de uno. Eso al menos piensa uno hoy: que quizá hoy las cosas van a ser distintas.

Así que uno les explica a los primerizos, entre otras cosas y en ese primer día, las diferencias que existen entre aprender (de) fotografía a través de internet y aprender (de) fotografía a través de los libros. Y se explaya uno entonces en ofrecer detalles que demuestran tales diferencias, pero no sin antes haber dejado claras ¡las maravillosas virtudes de poder informarse de todo a golpe de click!, cosa que hay que hacer fundamentalmente para que no tomen a uno por gilipollas ya desde el primer día de clase. Les cuenta uno, digo, lo que es un libro de fotografía(s), o un fotolibro en tanto que variante del primero, más genérico. Y esto de explicarles qué es un libro, en este caso de fotografías, hay que entenderlo de forma textual: hay que explicarles lo que es un libro, primero porque en realidad no lo saben y segundo para que puedan entender a continuación las diferencias que median entre aprender (de) fotografía a través de internet o hacerlo a través de los libros. Y en este punto se acuerda uno de la frase de aquel alumno que hace un par de años respondió “desengáñate Alberto, ya hace tiempo que las nuevas generaciones no leemos” a mi afirmación “ya no os doy a leer el libro de Susan Sontag porque ya sé que no lo vais a leer, como he podido comprobar de forma progresiva desde hace unos años”. Y cuando hablaba de lectura -hace ese par de años- hablaba de lectura, no de miradas fragmentarias, inconexas, lábiles, fugaces, ocasionales y raudas; hablaba no de otra cosa que de leer libros.

De entrada un libro de fotografía, de fotografías -les cuenta uno-, así como un fotolibro, como este libro de fotografías del fotógrafo Robert Frank que tengo en mis manos (y es entonces cuando alzo el libro para que lo puedan ver todos: The americans) es antes que nada el producto de una negociación, de la negociación entre el autor y su editor. Así que observemos: Un libro tiene antes que nada un formato, unas proporciones, no es lo mismo un formato cuadrado que uno rectangular y no es lo mismo abrir en horizontal que abrir en vertical. Por no hablar del tamaño, tan vinculado al formato y claro está a la idea, a la idea de libro que se pretende. A los amantes de los libros -les señala uno-, no les suelen gustar los formatos horizontales si no se encuentran claramente justificados. Pero eso es sólo el principio, como también es previo a ese principio la concreta selección de las imágenes que van a formar parte de ese libro. Toda publicación que pretenda cierta excelencia es necesariamente el producto de una edición concienzuda, es decir, el producto de una selección muy concreta de entre todas las fotos posibles del autor. Después se encuentra ese otro tema capital de la edición de un libro, el de la estructura, que se organiza en función de una determinada secuencia narrativa; y en este sentido conviene saber el uso que se hace de la distribución de imágenes teniendo en cuenta, ya no sólo el orden, que también, sino la distinta importancia que puedan tener ciertas imágenes dependiendo de si se encuentran en las páginas pares o impares. Hay libros -les dice uno-, como éste, que decidió, con acierto indiscutible, reproducir las fotografías sólo en las páginas impares. En un libro de fotografía(s) las partes y el todo se encuentran estrechamente condicionadas entre sí. Por otra parte se encuentra el tamaño de las fotografías (la mancha, que se llama) respecto del formato del libro, si ocupan mucho o poco en ese blanco de la página, a lo que se añade la dificultad de decidir qué se hace con respecto a las diferencias de tamaño que, en un libro vertical, pueden darse entre fotos verticales (grandes en una página vertical) y muy pequeñas (en una página vertical). Por no hablar de cómo situarlas en esa página, si a sangre toda ella, o a sangre por uno de sus lados, o centrada... Un fotolibro -les acaba diciendo uno-, es puro pensamiento visual, así que resulta necesario saber elegir las imágenes adecuadas para hilar de la forma más adecuada una narración concreta, algo que encontrará su máxima excelencia si se tienen en cuenta todos esos factores. Y para acabar: un libro es un objeto con un peso específico que de alguna forma hay que tocar; las reproducciones son extremadamente parecidas a las fotografías originales, parten del mismo principio, el de ser/estar impresas sobre papel; en fin, todo en la experiencia de ver/tocar/ver un conjunto ordenado de fotografías invoca al conocimiento, al conocimiento que es pensamiento visual.

Todo eso les cuenta uno a sus primerizos alumnos -los que siguen mirando a uno casi sin parpadear- explicándoles inmediatamente después qué tipo de conocimiento puede adquirirse a través de internet: “Sin embargo -sigue uno- cuando pincháis el nombre de un fotógrafo en Google, como por ejemplo este de Robert Frank, aunque podríamos acudir a cualquier otro ejemplo -y es entonces cuando alzo con las manos otros 3 libros de otros autores que uno se ha tomado la molestia de traer a clase- lo que os vais a encontrar es, inevitablemente, un magma de fotografías sin orden ni concierto. Un magma caótico en el que aparecen fotos de forma aleatoria y que se visualizan en formato muy pequeño y en una visión de conjunto. En pequeño, sí, porque carecen de resolución suficiente para poder ser vistas con una mínima dignidad, y en ¡vaya conjunto!, porque son muchas, pero colocadas al tun tun debido a algoritmos fantasmas, siempre muy comerciales; una o varias de ellas pueden repetirse ad-nausean pero pareciendo distintas debido al color, que en unas es verde, en otras rojo o violeta aunque la foto sea en blanco y negro. Y lo peor de todo: ni siquiera todas las fotos que nos muestra la búsqueda de imágenes son del mismo autor, lo que sin duda confundirá definitivamente a quien quiere informarse con el fin de aprender algo del autor/fotógrafo”.

Y continúa uno dirigiéndose a esos primerizos alumnos que apenas parpadean: “Fijaos qué curioso, el año pasado, les conté todo esto mismo que os acabo de contar a vuestros predecesores, los que ahora están en segundo, les traje estos mismos libros que deposité sobre esta misma mesa tal y como he hecho hoy, habiéndoles señalado que aquí estaban -traídos a propósito- para que pudieran echarles una ojeada y corroborar el discurso, no sin antes habiéndoles hecho un pequeño comentario acerca de todos ellos. ¿Sabéis qué pasó cuando llegó la hora del almuerzo, que todo se ha de decir no fue inmediatamente después de ese discurso sino media hora más tarde? Pues yo os lo digo: que se levantaron, salieron del aula y cruzaron al horno a comprarse la empanadilla de turno”. Los libros se quedaron ahí, huérfanos de tacto y mirada. Y yo con un palmo de narices; “no hicieron a los libros ni puto caso”, eso fue lo que les dije.


Todo esto les ha contado uno a los alumnos primerizos aproximadamente media hora antes de que llegara la hora del almuerzo esta mañana, esta misma mañana, primer día de clase. ¿Y saben ustedes, lectores míos, qué ha pasado cuando he anunciado la hora del recreo, esto es, la del almuerzo? ¿A que sí? En efecto: que han salido disparados hacia el horno. Reír preferiría, pero sólo tengo ganas de llorar. Son ya varios palmos de narices.