domingo, mayo 21, 2017

Diálogo de ciegos: indignación

Fedro. No vale la pena

Alcibíades. En efecto, Fedro, no la vale

Fedro. En realidad son ya pocas las cosas las que valen la pena

Alcibíades. Estoy de acuerdo, casi todas son, si lo miras bien, poco relevantes y no influyen de una manera drástica en nuestras vidas

Fedro. Poco relevantes, exacto, intrascendentes… ¡pero son tantas que a veces…!

Alcibíades. Cuidado Fedro, que tú mismo has dicho que no vale la pena…

Fedro. Ya, ya, pero cuando hablo contigo me sale ese tono, quizá porque nuestros diálogos se producen siempre en esta cápsula; no sé, sólo es una cuestión de tono

Alcibíades. A mí también me pasa, no lo puedo evitar, pero ya tenemos bastante con las nuevas generaciones, que además de ese tono tienen el mismo cansino discurso de la queja; nosotros tenemos que ser de otra forma, o por lo menos estamos obligados a hacer el esfuerzo de intentarlo

Fedro. Cierto Al, no podemos fruncir el ceño constantemente aun cuando no nos falten motivos… pero estoy ya muy cansado de ellos; están siempre igual y todo lo enfocan desde el victimismo

Alcibíades. Lo entiendo Fedro, nada hay más plasta ahora que un indignado

Fedro. Sobre todo si además es prácticamente solo eso. ¿O acaso crees que es posible la indignación creativa?

Alcibíades. Puede que sea posible, aunque yo creo que existe cierta incompatibilidad, creo que la indignación es un estado “fácil” que se regodea en la queja porque ser víctima te exime de muchas responsabilidades; en cualquier caso, la indignación de ahora no es ni creativa ni propositiva en absoluto. Los mismos que se indignan viven a toda castaña, con sus teléfonos de altas prestaciones, sus redes sociales y sus “me gusta”, que no son otra cosa que el reverso de su falsa indignación. No se puede gustar de tantas cosas si verdaderamente hay motivos para que la indignación evite, por ejemplo, el uso de tantos emoticones

Fedro. ¿Falsa entonces?

Alcibíades. ¿Me tomas el pelo?

Fedro. Bueno, lo digo porque una cosa es que sea pueril y poco productiva, y otra que sea falsa. No creo yo que haya que dar tanta importancia a cosas anecdóticas

Alcibíades. Anecdóticas, ¿Cómo qué?

Fedro. Como el uso de emoticones

Alcibíades. Pues yo creo que resulta más preocupante eso que tú llamas anecdótico que el hecho de que ellos, los indignados “profesionales”, no tengan propuestas de esas que tú llamas creativas. Al fin y al cabo no son políticos profesionales. Pero el uso de compulsivo y reiterado de iconitos predeterminados me parece francamente desolador

Fedro. Pues no sé qué decirte Al, creo que posiblemente exageras una vez más

Alcibíades. ¿Posiblemente?

Fedro. Sí, el uso de predeterminados no es nada nuevo. Y además diría que el lenguaje en sí mismo es otra forma predeterminada y no es más que otro tipo de convención

Alcibíades. A veces me sorprende tu ingenuidad Fedro; sé que responde a un optimismo tuyo innato que yo no puedo compartir; claro que el lenguaje es fruto de una convención pero es infinitamente más complejo que un conjunto de símbolos para perezosos y para gente que precisamente reniega de la creatividad conformándose con lo que le propone la multinacional de turno. El uso constante y reiterado de iconitos para comunicarse denota una estulticia atroz que raya la idiocia

Fedro. Quizá no estés comprendiendo la naturaleza de sus comunicaciones, ni la estés entendiendo desde sus parámetros vitales, tan distintos a los nuestros. A lo mejor cierta condescendencia no estaría de más

Alcibíades. No lo creo. Usan los emoticones para ser más rápidos, más veloces; la comunicación se produce constantemente y a toda velocidad; la velocidad y la aceleración es lo único que les pone cachondos. Lo que les hace sentirse vivos es esa comunicación permanente y además producida a velocidad de vértigo. El lenguaje requiere tiempo y me atrevería a decir que cierto sosiego, y la gente no tiene de lo primero y huye de lo segundo

Fedro. Parece que no estas dispuesto a dar tu brazo a torcer, y yo lo único que buscaba era argumentos para justificar lo que hacen mis hijos

Alcibíades. Peor hubiera sido buscar argumentos para justificar lo que tú haces. Es cierto que no vale la pena indignarse si no hay una propuesta creativa detrás de los argumentos de queja. Tú sabrás qué es lo que quieres hacer con tus hijos, pero creo que solo hay una forma de enfrentarse con ellos: a través de los límites, de la imposición de límites

Fedro. Eso lo sé, querido Al, lo he sabido siempre, pero… son mis hijos y… no sé… Creo que a veces empatizas poco con ciertos...

Alcibíades. Y yo sólo sé que la indignación no es ni creativa ni productiva y que por eso no vale la pena. Sólo creo en la acción individual y en las decisiones individuales radicales

Fedro. Y ahí volvemos a diferir; no creo en las radicalidades


Alcibíades. Yo tampoco si se hace gala de ellas y menos aún si no se hace uso de ellas de forma estrictamente personal 

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